El 2 de agosto del año 2000, el Congreso de la República de Colombia tomó una decisión que pocas personas fuera del país conocen pero que tiene un peso simbólico enorme: declaró oficialmente el tejo como deporte nacional de Colombia mediante la Ley 613. No el fútbol, no el ciclismo ni el atletismo, sino el tejo: el deporte de los muisca, el juego de la pólvora y la arcilla, la tradición más antigua de Colombia.
El camino hacia la declaración
La declaración del tejo como deporte nacional no fue un acto improvisado. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, el tejo había consolidado su posición como el deporte más practicado a nivel popular en Colombia, especialmente en la región central del país. Millones de colombianos jugaban al tejo cada semana en las teyerías de Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Tolima y otras regiones.
Sin embargo, el tejo carecía de reconocimiento institucional formal. El fútbol, más visible mediáticamente, acaparaba toda la atención de las instituciones deportivas. El tejo era un deporte de las clases populares, prácticamente invisible en los medios de comunicación y sin estructura federativa sólida.
A finales de los años noventa, distintos sectores de la sociedad colombiana empezaron a presionar para que el Estado reconociera el tejo como parte del patrimonio cultural y deportivo del país. Parlamentarios de Cundinamarca y Boyacá —los departamentos con mayor tradición tejera— impulsaron el debate en el Congreso.
Lo que dice la Ley 613
La Ley 613 de 2000 es un texto breve pero de gran importancia simbólica. Sus puntos fundamentales son:
Reconocimiento como deporte nacional: Declara expresamente el tejo como deporte nacional de Colombia, el único con ese reconocimiento legal explícito.
Mandato de fomento: Establece la obligación del Estado colombiano, a través del Sistema Nacional del Deporte, de fomentar y proteger la práctica del tejo en todo el territorio nacional.
Reconocimiento del patrimonio cultural: Vincula el tejo con la herencia cultural muisca y reconoce su dimensión como expresión de la identidad cultural colombiana, no solo como deporte.
Presencia en el sistema educativo: La ley contempla la posibilidad de que el tejo se incorpore a los programas de educación física en los centros educativos del país.
El impacto de la declaración
La Ley 613 tuvo varios efectos importantes en la trayectoria del tejo. En primer lugar, le dio visibilidad institucional: por primera vez, el Estado colombiano reconocía explícitamente la existencia y el valor del deporte. Esto facilitó el acceso a recursos públicos para la organización de competiciones y el desarrollo de infraestructura.
En segundo lugar, estimuló la organización federativa del tejo. La Federación Colombiana de Tejo, que ya existía previamente de forma incipiente, recibió un impulso significativo y pudo consolidar su estructura, organizar campeonatos nacionales con mayor regularidad y trabajar en la estandarización del reglamento.
Un reconocimiento que todavía sorprende
Lo más llamativo de la Ley 613 es lo que dice sobre la identidad de Colombia. En un país cuyo deporte más popular es el fútbol, cuyo ciclismo ha producido campeones del Tour de France, y cuyos atletas han competido con éxito en los Juegos Olímpicos, el Estado eligió al tejo —un juego de arcilla, discos de hierro y pólvora— como su deporte nacional.
Esa elección habla más de Colombia que cualquier estadística deportiva. El tejo es el deporte que más colombianos practican de forma directa y cotidiana, el que tiene las raíces más profundas en la historia del país y el que más fielmente refleja la mezcla de tradición indígena, vida comunitaria y celebración que define gran parte de la identidad cultural colombiana.