Mucho antes de que Colombia existiera como nación, en las alturas frías y neblinosas de la Sabana de Bogotá, un pueblo extraordinariamente desarrollado practicaba un juego que llevaría siglos después a convertirse en el deporte nacional colombiano. Ese pueblo era el muisca; ese juego, el turmequé.
Los muisca: el pueblo de la Sabana
Los muisca eran una de las civilizaciones indígenas más avanzadas de Suramérica en el momento de la llegada de los españoles. Ocupaban el altiplano cundiboyacense —la Sabana de Bogotá y los valles aledaños— y habían desarrollado una sociedad compleja con estructura política confederada, comercio extenso, arquitectura ceremonial y una rica vida religiosa y cultural.
A diferencia de los aztecas o los incas, los muisca no eran conocidos por sus construcciones en piedra ni por su arquitectura monumental. Su riqueza era otra: la orfebrería. Los muisca eran maestros en el trabajo del oro y sus aleaciones, y producían piezas de una refinación técnica y simbólica extraordinaria. El Museo del Oro de Bogotá alberga hoy miles de estas piezas, testimonio de una civilización cuya sofisticación artística no tiene parangón en la región.
El turmequé: discos de oro y rituales
En este contexto cultural, los muisca practicaban un juego llamado turmequé en el que los jugadores lanzaban discos de oro macizo hacia una diana de arcilla. Los discos originales no eran de hierro como los actuales sino de oro, el material más sagrado de la cosmovisión muisca, asociado directamente con el sol y con la deidad solar Bochica.
El turmequé no era únicamente un juego de entretenimiento. Tenía un componente ritual y ceremonial: era parte de celebraciones, festividades y ofrendas. El lanzamiento del disco de oro podría interpretarse como un acto simbólico de devolución del metal sagrado a la tierra, al ciclo de la naturaleza que los muisca veneraban.
La distancia de lanzamiento, la composición del objetivo y las reglas exactas del turmequé precolombino son difíciles de reconstruir con precisión histórica, dado que los muisca no dejaron registros escritos. Lo que se conoce proviene de las crónicas de los conquistadores españoles, que describieron el juego con fascinación mezclada con perplejidad ante el uso de oro puro como elemento de juego.
El municipio de Turmequé
El vínculo entre el juego y la geografía es tan profundo que existe en Colombia un municipio llamado Turmequé, en el departamento de Boyacá, que se considera históricamente la cuna del deporte. Boyacá es, hasta el día de hoy, uno de los departamentos con mayor tradición y competitividad en el tejo moderno. El municipio de Turmequé mantiene esa identidad histórica como punto de origen del deporte nacional.
De los rituales a la diversión
Con el tiempo, el turmequé evolucionó de su dimensión más ritual hacia un juego de competición y entretenimiento. Esta transición ya estaba en marcha antes de la llegada de los españoles, pero fue la conquista la que aceleraría los cambios más profundos en el juego, su material y su nombre.
Lo que los muisca dejaron, en definitiva, fue algo más que un juego: dejaron una práctica cultural tan arraigada en la identidad de su pueblo que sobreviviría siglos de colonización, transformaciones políticas y cambios sociales para llegar hasta el presente como el deporte nacional de Colombia.