El deuce es uno de los momentos de mayor tensión en el tenis de mesa y uno de los que mejor ilustran el carácter mental del deporte. Cuando dos jugadores llegan al 10-10, el sistema habitual de puntuación se suspende y el juego entra en un modo donde cada punto es absolutamente decisivo: no hay colchón, no hay margen para el error. La alternancia de saques uno a uno elimina la ventaja de tener el servicio propio, lo que convierte el deuce en un test puro de calidad técnica y resistencia mental bajo presión máxima.
El formato actual de los juegos a 11 puntos (adoptado en 2001 en sustitución del anterior de 21 puntos) ha aumentado la frecuencia estadística del deuce en el tenis de mesa competitivo. Con el juego a 21 puntos, un jugador que cometía un par de errores podía recuperarse gradualmente; con el juego a 11, cada error tiene un peso proporcionalmente mayor y los partidos son más sensibles a los momentos de concentración y deconcentración. Esto ha hecho del tenis de mesa un deporte aún más mental de lo que ya era, donde un desnivel puntual de atención puede decidir rápidamente un juego.
Psicológicamente, llegar al deuce puede tener efectos distintos en cada jugador según su perfil mental. Para algunos, el deuce es una oportunidad: saben que han luchado bien para neutralizar la ventaja del rival y que ahora el partido está completamente abierto. Para otros, especialmente los jugadores que llevan una ventaja y la ven desvanecerse, el deuce puede ser un golpe de confianza que les afecta en los puntos siguientes. Los entrenadores trabajan específicamente la gestión del deuce como una situación de juego diferenciada, con rutinas mentales y tácticas adaptadas a ese momento concreto.