El codo de tenista, cuyo nombre técnico es epicondilitis lateral, es una de las lesiones tendinosas más frecuentes tanto en el ámbito deportivo como en la población general. A pesar de su nombre, no afecta exclusivamente a los tenistas: cualquier persona que realice movimientos repetitivos con el brazo puede desarrollarla. Se caracteriza por un dolor en la parte exterior del codo que puede irradiarse hacia el antebrazo y la muñeca, y que en los casos más severos puede llegar a ser incapacitante.
Qué es exactamente la epicondilitis lateral
La epicondilitis lateral es una lesión por sobreuso que afecta a los tendones que se insertan en el epicóndilo lateral del húmero, el saliente óseo situado en la parte externa del codo. Concretamente, el tendón del músculo extensor radial corto del carpo es el más frecuentemente afectado. Cuando se somete a tensiones repetidas sin tiempo suficiente de recuperación, el tendón desarrolla microdesgarros que generan una respuesta inflamatoria y, en casos crónicos, una degeneración del tejido tendinoso.
Aunque históricamente se ha denominado como una ‘itis’ —sugiriendo inflamación—, los estudios actuales señalan que en los casos crónicos el proceso es más bien degenerativo (tendinosis) que inflamatorio puro. Esta distinción tiene implicaciones importantes para el tratamiento.
Causas y factores de riesgo
En el tenis, la causa más común es la técnica deficiente en el golpe de revés, especialmente cuando el jugador impacta la pelota con el codo ligeramente flexionado y con demasiada participación de los músculos del antebrazo en lugar de utilizar el movimiento de rotación del tronco. El uso de una raqueta con tensión de cordaje demasiado alta, un grip inadecuado o una empuñadura demasiado pequeña también aumenta el riesgo.
Fuera del tenis, las causas incluyen trabajos que requieren movimientos repetitivos de extensión de muñeca, el uso prolongado del ratón de ordenador, actividades de bricolaje y jardinería, y cualquier tarea que implique el agarre repetido de objetos.
Los factores de riesgo más relevantes son la edad (mayor incidencia entre los 35 y 55 años), la sobrecarga laboral o deportiva, la falta de calentamiento previo a la actividad y la escasa flexibilidad de los músculos del antebrazo.
Síntomas: cómo reconocer el codo de tenista
El síntoma principal es el dolor en la cara externa del codo, que puede aparecer de forma gradual o súbita tras un esfuerzo concreto. El dolor suele empeorar al realizar actividades como:
- Apretar un objeto (una raqueta, un vaso, una herramienta)
- Extender la muñeca contra resistencia
- Levantar objetos con el codo extendido
- Estrechar la mano con fuerza
En los casos más avanzados, el dolor puede estar presente incluso en reposo o durante la noche. La palpación sobre el epicóndilo lateral suele ser dolorosa, y en ocasiones existe cierta tumefacción local.
Diagnóstico
El diagnóstico es fundamentalmente clínico: el médico evalúa la localización del dolor, realiza pruebas específicas como el test de Cozen o el test del dedo medio y valora los movimientos que reproducen los síntomas. Las pruebas de imagen —ecografía o resonancia magnética— se utilizan cuando hay dudas diagnósticas o para evaluar la gravedad de la lesión antes de planificar el tratamiento.
Tratamiento: opciones según la gravedad
Fase aguda: reposo y control del dolor
En la fase inicial, lo más importante es reducir o eliminar las actividades que provocan el dolor. La aplicación de hielo local durante 15-20 minutos varias veces al día ayuda a controlar la inflamación. Los antiinflamatorios no esteroideos pueden aliviar el dolor a corto plazo, aunque no deben utilizarse de forma prolongada sin supervisión médica.
El uso de una codera o banda de sujeción del epicóndilo puede aliviar la tensión sobre el tendón durante las actividades cotidianas.
Fisioterapia: el tratamiento de elección
La fisioterapia es el pilar fundamental del tratamiento del codo de tenista. Las técnicas más utilizadas incluyen los ejercicios excéntricos del extensor radial del carpo —que han demostrado ser especialmente eficaces para la regeneración tendinosa—, el masaje transverso profundo (técnica de Cyriax), la terapia manual, la electroterapia (ultrasonidos, láser, TENS) y la punción seca.
Infiltraciones y otras técnicas
En los casos en que la fisioterapia no es suficiente, pueden plantearse las infiltraciones de corticoides, que reducen el dolor a corto plazo pero no deben repetirse en exceso porque pueden dañar el tejido tendinoso. Otras opciones incluyen las infiltraciones de plasma rico en plaquetas (PRP), cuya eficacia está siendo cada vez más respaldada por la literatura científica, y la terapia con ondas de choque extracorpóreas, útil especialmente en los casos crónicos.
Prevención en el tenis
Para los jugadores de tenis, la prevención pasa por revisar la técnica del revés con un entrenador cualificado, elegir una raqueta con las características adecuadas para el nivel y el estilo de juego, calentar correctamente antes de cada sesión, fortalecer los músculos del antebrazo con ejercicios específicos y no incrementar la carga de entrenamiento de forma excesivamente rápida.
El estiramiento regular de los músculos extensores del antebrazo —con el codo extendido, la muñeca flexionada hacia abajo— es una medida preventiva sencilla y muy eficaz que debería formar parte de la rutina de cualquier tenista.