El saque es el único golpe en el tenis que no depende del rival: tienes el control total. Por eso es también el golpe al que merece la pena dedicar más tiempo, incluso desde el principio. Un buen saque pone inmediatamente en ventaja el juego propio y reduce la presión sobre el resto del partido.
El primer elemento es el lanzamiento de la bola, que determina la calidad del golpe más que cualquier otra cosa. La bola debe soltarse suavemente desde la palma de la mano con el brazo extendido, sin lanzarla ni tirarla. La altura ideal es unos centímetros por encima del punto máximo de contacto: así puedes golpearla cuando todavía sube o en el momento exacto del pico, con el brazo completamente estirado. Si el lanzamiento es inconsistente, todo lo demás falla. Practica el lanzamiento solo, sin raqueta, hasta que caiga siempre en el mismo punto.
La mecánica del brazo de la raqueta sigue un movimiento de péndulo y rotación. Desde la posición inicial, la raqueta baja detrás del cuerpo, sube hacia la bola en un arco y golpea con el brazo completamente extendido. En el momento del impacto, el codo debe estar estirado y la muñeca realiza un giro hacia adelante que es lo que da velocidad y efecto a la bola. Este giro de muñeca es lo que diferencia un saque de nivel principiante (plano y sin control) de uno que empieza a tener calidad.
La posición del cuerpo también importa. Los pies se colocan paralelos a la línea de fondo o en ángulo de 45°, el hombro de la raqueta apunta hacia la red y el peso se transfiere hacia adelante en el momento del golpe. Un error frecuente es quedarse rígido: el movimiento del cuerpo hacia la pista en el seguimiento (el llamado follow-through) es parte del golpe, no una consecuencia opcional.
Empieza practicando el saque lento y con control, buscando que la bola entre al cuadro correcto con consistencia. La velocidad llega sola a medida que la mecánica se automatiza. Diez minutos de saque al final de cada sesión de entrenamiento producen mejoras visibles en pocas semanas.