El arco compound revolucionó el tiro con arco cuando Holless Wilbur Allen patentó el diseño en 1966 en Estados Unidos. La idea central era sencilla pero ingeniosa: colocar poleas excéntricas, no circulares, en los extremos de las palas para que la tensión de la cuerda siguiera una curva no lineal. Al llegar al punto de máximo tensado, las poleas rotan hasta una posición que reduce drásticamente la fuerza necesaria para mantener la posición. El resultado es un arco más potente que el recurvo pero que exige mucho menos esfuerzo sostenido al tirador.
Las poleas modernas, llamadas cams, son piezas de ingeniería de precisión fabricadas en aluminio aeronáutico o titanio. Su perfil determina el carácter del arco: cams agresivos producen una curva de tensado más abrupta y un let-off más pronunciado, mientras que cams suaves ofrecen una experiencia más progresiva. Los arqueros de caza suelen preferir cams agresivos por la potencia que generan, mientras que los competidores de campo buscan un equilibrio entre potencia y suavidad en la entrega de energía a la flecha.
En competición, los tiradores de compound alcanzan puntuaciones medias por flecha significativamente superiores a las del recurvo. Las rondas de clasificación en Campeonatos del Mundo de campo muestran con regularidad arqueros capaces de encadenar series perfectas de 30 puntos durante varias docenas de flechas consecutivas. Este nivel de precisión ha llevado a que la modalidad compound tenga sus propias distancias y formatos de competición, diferenciados de los del recurvo olímpico.