El arco recurvo es el instrumento central del tiro con arco olímpico y la evolución moderna de los arcos que usaron culturas como la persa, la mongola o la turca durante siglos de historia militar y cinegética. Su característica más visible es la curvatura de las puntas: al destensar el arco, las palas se doblan hacia el arquero, pero al tensar, almacenan una cantidad de energía superior a la de un arco simple de la misma longitud. Esa energía se transfiere íntegramente a la flecha en el momento de la suelta.
En competición olímpica moderna, el arco recurvo se compone de tres partes desmontables: el riser central, donde se montan la mira, el estabilizador y el clicker, y las dos palas intercambiables según las condiciones de competición y la temperatura ambiente. Esta modularidad permite al arquero ajustar el equipo con precisión quirúrgica y transportarlo en maletas de vuelo estándar. Un conjunto de alta gama puede superar los 2.000 euros en equipo solo para el arco, sin contar flechas ni accesorios.
El arco recurvo exige una técnica muy depurada porque no dispone del sistema de poleas del compound, que reduce la tensión en el punto de puntería. El arquero mantiene la tracción completa durante todo el tiempo de apuntado, lo que convierte la resistencia muscular y la consistencia técnica en factores decisivos. Por eso el entrenamiento de fuerza específica para espalda, hombros y brazos es tan importante como la práctica de disparo en sí.