El touch rugby tiene una característica que lo diferencia de la inmensa mayoría de deportes de equipo: es genuinamente inclusivo. No importa la edad, el tamaño, el peso o el nivel de condición física: cualquier persona puede disfrutar del touch rugby desde el primer día.
Sin barreras físicas
La principal razón de esta inclusividad es la ausencia de contacto físico. En el rugby convencional, el tamaño y la fortaleza física son factores determinantes. En el touch rugby, estos factores importan mucho menos: la velocidad, la agilidad y la inteligencia táctica son los atributos que marcan la diferencia.
Esto significa que una persona de 60 años puede jugar en el mismo equipo que una de 25, y que un jugador de constitución pequeña puede ser tan efectivo como uno de mayor tamaño.
Las categorías masters: competir con 60 años
Una de las curiosidades más llamativas del touch rugby es la existencia de categorías masters que se extienden hasta los 55 años y más. El Campeonato Mundial de la FIT incluye categorías para jugadores de 30+, 35+, 40+, 45+, 50+ y 55+, en modalidades masculinas, femeninas y mixtas.
Esto significa que un jugador puede representar a su país en el Campeonato Mundial con 60 o 65 años, compitiendo a un nivel internacional de alto rendimiento. Este es un caso casi único en el deporte mundial y una de las razones por las que el touch rugby genera tanta fidelidad en sus practicantes a lo largo de los años.
El juego mixto como norma, no como excepción
En muchos deportes, las categorías mixtas son marginales o de carácter recreativo. En el touch rugby, la categoría mixta es una de las divisiones principales tanto en competiciones nacionales como en el Campeonato Mundial. Los equipos mixtos tienen una composición reglamentada (habitualmente 3 jugadores de cada género en campo) y compiten con el mismo nivel de seriedad que las categorías masculinas o femeninas.
Esta normalización del juego mixto es un reflejo del espíritu inclusivo que caracteriza al touch rugby desde sus orígenes.
Un deporte para la familia
En muchos países donde el touch rugby está establecido, es común ver a familias enteras practicando el deporte. Los padres pueden jugar en sus propias categorías mientras sus hijos participan en las divisiones juveniles, y en torneos locales no es raro ver a tres generaciones de una misma familia compitiendo el mismo día.
Esta dimensión familiar es uno de los activos más poderosos del touch rugby como fenómeno social y una de las razones de su crecimiento sostenido en países como Australia, Irlanda y Nueva Zelanda.
Una puerta de entrada al rugby
Para muchos jugadores de rugby convencional, el touch rugby es también la puerta de salida cuando las lesiones o la edad hacen que el contacto físico ya no sea viable. El deporte les permite seguir disfrutando del juego que aman, mantener la forma física y seguir siendo parte de la comunidad rugbística muchos años después de colgar las botas del rugby de contacto.