Hay muchos deportes que se presentan como inclusivos. El touch rugby es quizás el único que puede respaldarlo con argumentos estructurales irrebatibles: no hay ventajas decisivas por tamaño o fuerza física, no hay límite de edad para competir a nivel mundial, los equipos mixtos son una categoría oficial reconocida en el Campeonato del Mundo y las reglas están diseñadas para que la inteligencia táctica y la velocidad de pensamiento sean más valiosas que cualquier atributo puramente físico. En el paisaje del deporte colectivo mundial, donde la mayoría de modalidades están segregadas por género, edad y nivel de condición física, el touch rugby es una anomalía extraordinariamente positiva.
La base de la inclusividad del touch rugby es estructural: la ausencia de contacto. En el rugby convencional y en la mayoría de deportes de equipo con contacto físico, las diferencias de tamaño y fuerza son factores determinantes que hacen difícil o imposible la competición equilibrada entre personas de constituciones muy diferentes. En el touch, estas diferencias se minimizan drásticamente: lo que determina el resultado de un partido es la velocidad, la coordinación, la lectura táctica del juego y la comunicación entre los compañeros de equipo, atributos que se distribuyen de forma mucho más homogénea entre la población que la fuerza o la masa muscular. Esto permite que un jugador de 55 años con experiencia y visión de juego sea perfectamente competitivo frente a un jugador de 25 años más rápido pero menos táctico, y que una mujer de 45 kilos pueda contribuir de forma determinante en el mismo equipo que un hombre de 90.
El sistema de categorías masters es la expresión más extraordinaria de esta filosofía inclusiva. El Campeonato del Mundo de Touch Rugby de la FIT incluye categorías por franjas de edad que empiezan en los 30 años y llegan hasta los 55+, en modalidades masculinas, femeninas y mixtas. Esto significa que un jugador puede representar a su país en una competición mundial con 65 años, algo prácticamente único en el deporte de equipo a nivel internacional. En países como Australia, Irlanda o Nueva Zelanda, donde el touch tiene una base masiva, hay jugadores que llevan veinte o treinta años en el circuito competitivo y que siguen activos en las categorías de edad que les corresponden. Esa fidelidad de los practicantes al deporte durante décadas es el testimonio más elocuente de que el touch rugby cumple lo que promete: es un deporte para toda la vida.