Hay pocos deportes en la historia humana que hayan ocupado un lugar tan central en la mitología de una civilización. El juego de pelota mesoamericano no solo se practicaba: se narraba, se celebraba y se teologizaba. En el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas quiché, el juego de pelota es el escenario donde se decide el destino del cosmos.
El Popol Vuh: el libro sagrado maya
El Popol Vuh (que en k’iche’ maya significa aproximadamente “Libro del Consejo” o “Libro de la Comunidad”) es el texto más importante de la literatura maya que ha llegado hasta nosotros. Fue escrito en alfabeto latino (con el idioma k’iche’) en el siglo XVI, poco después de la conquista, a partir de una tradición oral que los mayas habían transmitido durante siglos o milenios.
El libro narra la creación del mundo, los intentos fallidos de los dioses por crear seres humanos, y las hazañas de los Héroes Gemelos: Hunahpú y Xbalanqué. En el corazón de esas hazañas está el juego de pelota.
Los Héroes Gemelos y el juego de pelota
La historia comienza con los padres de los Héroes Gemelos, que también eran jugadores de pelota. Estos fueron convocados al inframundo (Xibalbá) por los señores de la muerte, que los derrotaron mediante engaños y los sacrificaron. Su pelota quedó guardada en el inframundo.
Generaciones después, Hunahpú y Xbalanqué también practicaban el juego de pelota con entusiasmo. Sus ruidos al jugar molestaron a los señores de Xibalbá, que los convocaron al inframundo para enfrentarse a ellos en el juego. A diferencia de sus padres, los gemelos lograron superar todas las pruebas del inframundo —la Casa Oscura, la Casa del Frío, la Casa del Fuego, la Casa de los Jaguares y otras— y enfrentarse a los señores de la muerte en el juego de pelota.
Finalmente, los Héroes Gemelos vencieron a los dioses de la muerte mediante un ardid: fingieron morir voluntariamente para luego resucitar. Derrotados los señores de Xibalbá, Hunahpú se convirtió en el sol y Xbalanqué en la luna, inaugurando el ciclo cósmico actual.
La pelota como metáfora del sol
La identificación entre la pelota y el sol en la cosmovisión maya es explícita en el Popol Vuh y confirma la interpretación cosmológica del juego de pelota. La pelota, que siempre debe mantenerse en movimiento y nunca debe tocar el suelo, es el sol: su movimiento en el campo replica el movimiento del astro por el cielo.
La regla fundamental del juego —no dejar que la pelota toque el suelo— no es un elemento arbitrario de las reglas sino una representación del principio cosmológico más importante: el sol no puede caer. Si la pelota cae es porque los jugadores han fallado en su responsabilidad de mantener el cosmos en movimiento.
Esta interpretación cosmológica explica la extraordinaria importancia que el juego de pelota tenía en las culturas mesoamericanas y su asociación con el sacrificio: los jugadores no eran solo atletas, eran actores rituales en el drama cósmico más importante, el del movimiento del sol.
El legado del Popol Vuh para el ulama moderno
Los jugadores de ulama de Sinaloa son, en su mayoría, católicos practicantes que no se identifican conscientemente con la cosmología maya del Popol Vuh. Sin embargo, el hecho de que estén practicando el descendiente directo del juego que protagoniza el texto sagrado más importante de la civilización maya los conecta con una tradición mítica y cultural de enorme riqueza.
El Popol Vuh es, entre otras cosas, el primer texto literario en el que el deporte ocupa un papel central en la narrativa. Es la primera historia de atletas en la historia de la humanidad. Y los atletas de esa historia juegan al ulama.