El ulama llega al siglo XXI en una situación paradójica: más conocido internacionalmente que nunca, gracias a documentales, artículos y la atención de organizaciones culturales globales, pero practicado por un número tan pequeño de jugadores que su continuidad nunca ha estado más en riesgo. El deporte más antiguo del mundo se debate entre la celebración de su historia y el temor a su extinción definitiva.
El estado actual: pocas familias, muchas presiones
En 2026, el ulama es practicado activamente por entre 100 y 200 personas, casi todas ellas en comunidades del estado de Sinaloa: Mocorito, Navolato, y unos pocos pueblos más. El juego se transmite fundamentalmente a través de líneas familiares: son las familias que han jugado durante generaciones las que mantienen vivo el conocimiento técnico y la tradición.
Este modelo de transmisión familiar, que ha garantizado la supervivencia del ulama durante cinco siglos de supresión colonial, es al mismo tiempo su mayor debilidad en el mundo contemporáneo. Si los miembros jóvenes de estas familias deciden no continuar con la práctica —atraídos por oportunidades urbanas, deportes más populares o simplemente por la dificultad física del juego— el conocimiento se pierde.
Los esfuerzos de preservación
Desde la década de 1980, se han multiplicado los esfuerzos institucionales para preservar el ulama. El gobierno del estado de Sinaloa ha apoyado la organización de torneos regionales que atraen a jugadores de distintas comunidades y generan un sentido de comunidad entre los practicantes dispersos. El CODEME (Consejo Nacional del Deporte y la Educación) ha incluido el ulama en sus programas de preservación del patrimonio deportivo indígena.
Las universidades mexicanas, especialmente la Universidad Autónoma de Sinaloa, han contribuido con investigaciones académicas y programas de documentación. Varios museos internacionales —incluyendo el Museo Nacional de Etnología de Leiden (Países Bajos), que fue el lugar de trabajo de Ted Leyenaar— mantienen colecciones y archivos relacionados con el ulama.
El reconocimiento internacional
El ulama ha ganado visibilidad internacional de una manera que habría resultado inimaginable hace cincuenta años. Documentales producidos para televisiones europeas y estadounidenses han presentado el juego a audiencias millonarias. Artículos en publicaciones de referencia como National Geographic han popularizado la historia del deporte más antiguo del mundo.
Este reconocimiento internacional tiene un efecto positivo sobre la autoestima cultural de las comunidades de Sinaloa donde se practica el ulama. Saber que el mundo está interesado en su juego ha reforzado el compromiso de muchas familias de continuar practicándolo.
Los desafíos del siglo XXI
Sin embargo, los desafíos son formidables. La migración de los jóvenes hacia las ciudades vacía las comunidades rurales donde el ulama se practica. La competencia del fútbol, el béisbol y los deportes electrónicos por el tiempo de ocio de los jóvenes es feroz. Y la dificultad física del ulama —especialmente la fase de iniciación, con sus hematomas y dolores— es una barrera de entrada que los deportes modernos no tienen.
Algunos proyectos intentan enseñar el ulama en las escuelas de las comunidades sinaloenses, con la esperanza de crear una base de jugadores jóvenes más amplia que no dependa exclusivamente de la transmisión familiar. Estos programas han tenido éxito limitado pero real.
El futuro: entre el optimismo y la incertidumbre
El futuro del ulama es genuinamente incierto. Por primera vez en milenios, el deporte cuenta con apoyo institucional, reconocimiento internacional y una narrativa cultural poderosa que lo presenta como lo que es: el vínculo vivo más antiguo con las grandes civilizaciones de América precolombina.
Pero esa misma narrativa, que celebra el ulama como una rareza histórica, puede contribuir a fosilizarlo como objeto de museo más que como práctica deportiva viva. El reto verdadero no es preservar el recuerdo del ulama, sino asegurarse de que los niños de Mocorito y Navolato quieran jugar y sean capaces de enseñarlo a sus propios hijos.