En la historia de los Juegos Olímpicos, la vela ha producido algunos de los atletas más longevos y consistentes del olimpismo. Pero hay un nombre que está por encima de todos: Ben Ainslie, el marinero de Cornwall que ganó medallas en cinco Juegos Olímpicos consecutivos entre 1996 y 2012 y que se retiró de la competición olímpica con un palmarés que ningún otro regatista del mundo ha alcanzado.
El récord en detalle
La secuencia de Ainslie en los Juegos Olímpicos es la siguiente:
| Año | Sede | Clase | Resultado |
|---|---|---|---|
| 1996 | Atlanta (EE.UU.) | Laser | Plata |
| 2000 | Sidney (Australia) | Laser | Oro |
| 2004 | Atenas (Grecia) | Finn | Oro |
| 2008 | Pekín (China) | Finn | Oro |
| 2012 | Londres (Gran Bretaña) | Finn | Oro |
Cuatro oros y una plata en cinco Juegos consecutivos, en dos clases diferentes. Ningún regatista antes ni después ha conseguido nada parecido.
La comparación con Paul Elvström
El único regatista que puede compararse con Ainslie en términos de dominio olímpico absoluto es el danés Paul Elvström, que ganó cuatro oros olímpicos consecutivos entre 1948 (Londres) y 1960 (Roma). Elvström ganó cuatro oros seguidos, lo mismo que Ainslie en ese apartado. Pero Elvström no tuvo una plata adicional y no compitió en cinco Juegos de forma ininterrumpida. La comparación directa es materia de debate entre los historiadores de la vela olímpica.
La plata de Atlanta: el origen del campeón
Lo fascinante de la carrera olímpica de Ainslie es que comenzó con una derrota. La plata de Atlanta 1996 fue el resultado de una decisión táctica discutible: en la última manga, en lugar de navegar su propia regata, intentó bloquear a su rival directo (el brasileño Robert Scheidt) y fue penalizado. Scheidt ganó la serie, Ainslie se quedó con la plata.
Ese fracaso fue la lección que formó al campeón. Cuatro años después, en la misma situación con el mismo rival en la última manga en Sidney, Ainslie navegó a su manera, ganó y se llevó el oro. La diferencia entre los dos Ainslie —el impulsivo de Atlanta y el maestro de Sidney— ilustra cómo los grandes campeones aprenden de sus errores.
El Finn: la clase de los gigantes
Los tres oros de Atenas, Pekín y Londres los ganó Ainslie en la clase Finn, una embarcación de vela única sin trapecio diseñada para marineros pesados (entre 85 y 110 kilos de peso). El Finn es físicamente exigente: la vela es grande, rígida y difícil de controlar, y los regatistas deben colgar el cuerpo fuera del barco para estabilizarlo en las ceñidas.
Ainslie aumentó su peso deliberadamente de los 75 kg del Laser a los 95-100 kg del Finn para optimizar su rendimiento en la nueva clase. Ese control del peso corporal —engordar cuando se necesita, adelgazar cuando se necesita— es parte del profesionalismo extremo de los regatistas olímpicos de élite.
Un récord que puede durar décadas
Con la eliminación del Finn del programa olímpico para los Juegos de París 2024, el camino hacia los cuatro oros olímpicos consecutivos se ha vuelto más difícil que nunca. Las clases actuales cambian más frecuentemente y el nivel de competencia es más global. El récord de Ainslie —cinco medallas, cuatro oros, cinco Juegos consecutivos— es el Everest de la vela olímpica, y puede mantenerse durante décadas.