En la historia del deporte, no existe una racha de victorias que se acerque a la del New York Yacht Club en la Copa América. Ciento treinta y dos años. Veinticuatro desafíos defendidos con éxito. Generaciones de regatistas, diseñadores e ingenieros de todo el mundo que lo intentaron y no pudieron. Y luego, en septiembre de 1983, un barco con alas en la quilla hizo lo que parecía imposible.
La racha: 132 años sin perder
Cuando el yate America ganó la primera edición de la Copa en 1851 y el trofeo fue donado al New York Yacht Club, nadie imaginaba que el club americano lo retendría durante el resto del siglo XIX, todo el siglo XX hasta bien entrados los años 80, y que la primera derrota tardaría 132 años en llegar.
Los desafíos llegaron de todo el mundo:
- Gran Bretaña: fue el país que más veces desafió, con 15 intentos en total. Los mejores diseñadores navales del mundo trabajaron durante décadas para crear un barco que batiera a los americanos. Ninguno lo consiguió.
- Canadá: dos intentos en la segunda mitad del siglo XIX.
- Países Bajos: dos intentos en el siglo XX.
- Australia: varios intentos antes del definitivo de 1983.
En cada caso, el New York Yacht Club diseñó o seleccionó un barco defensor que resultó superior al desafiante. Los americanos tenían la ventaja de la información: sabían que iban a competir con tiempo de sobra y podían dedicar todos los recursos al diseño del barco perfecto para defender.
El Australia II: la quilla que cambió el deporte
La derrota llegó en 1983, gracias a un barco que fue polémico desde el primer momento. El Australia II, diseñado por el holandés Ben Lexcen para el empresario australiano Alan Bond, tenía una quilla completamente distinta a cualquier 12 Metros anterior: en lugar de la quilla convencional afinada hacia abajo, tenía una quilla con “alas” en los extremos inferiores, un perfil en forma de T invertida que generaba una sustentación lateral muy superior.
El New York Yacht Club reclamó que el diseño era ilegal. Presentó protestas, contrató abogados, y trató de que el Australia II fuera descalificado antes de que la Copa empezara. No lo consiguió: los jueces del International Yacht Racing Union (hoy World Sailing) determinaron que el diseño era perfectamente legal.
La serie fue dramática. Australia y Estados Unidos llegaron empatados a 3-3 (en una competición al mejor de 7). En la última manga, el Australia II estaba perdiendo pero dio la vuelta al marcador en los tramos finales. John Bertrand, al timón del Australia II, cruzó la línea de llegada primero. La copa salía de América por primera vez en 132 años.
La reacción americana
El presidente Ronald Reagan envió un telegrama de felicitación. La portada de los principales periódicos americanos del día siguiente mostraba el Australia II cruzando la línea. El New York Yacht Club, en un gesto de fair play que habla bien de la institución, reconoció la derrota y entregó el trofeo.
En Australia, la victoria fue celebrada como un acontecimiento nacional. El primer ministro Bob Hawke llegó a decir en televisión que “cualquier jefe que despida a un empleado por no ir a trabajar hoy no tiene corazón”. El país entero se paró.
El legado de 1983
La derrota del New York Yacht Club en 1983 cambió la Copa América para siempre. Demostró que el trofeo podía perderse, que la racha podía romperse. Desde entonces, la Copa América ha cambiado de manos varias veces y se ha convertido en una competición genuinamente internacional, en lugar del casi monopolio americano que fue durante sus primeros 132 años.
La racha del New York Yacht Club —24 victorias, 132 años— sigue siendo el récord de longevidad de una sola institución en cualquier competición deportiva internacional conocida. Nada en el mundo del deporte se le acerca.