Jesse Owens en Berlín 1936: cuatro oros ante el nazismo
Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 fueron concebidos por el régimen nazi de Adolf Hitler como una demostración de la supuesta superioridad de la raza aria. El resultado fue exactamente el opuesto: un joven negro de Alabama, hijo de aparceros, ganó cuatro medallas de oro y convirtió los Juegos en el mayor repudio simbólico posible a la ideología nazi.
El contexto: los Juegos del nazismo
Cuando Berlín fue designada sede olímpica en 1931, el nazismo todavía no había llegado al poder. En 1933, con Hitler como canciller, el régimen convirtió los preparativos en un proyecto de propaganda sin precedentes. El arquitecto Albert Speer diseñó el Estadio Olímpico como una catedral del poder germánico. Leni Riefenstahl rodó “Olympia”, la primera gran película documental sobre unos Juegos Olímpicos. El objetivo era mostrar al mundo la magnificencia del Tercer Reich y la superioridad física de los atletas arios.
El COI y muchos países debatieron el boicot, pero finalmente participaron. Varias naciones, incluida España (que vivía el inicio de la Guerra Civil), no participaron o tuvieron participación reducida. Los atletas negros y judíos americanos afrontaron presiones para retirarse.
James Cleveland Owens: de Alabama a Berlín
Jesse Owens nació el 12 de septiembre de 1913 en Oakville, Alabama, en el seno de una familia de aparceros. Desde pequeño mostró una velocidad extraordinaria, y su entrenador en la Universidad Estatal de Ohio, Charles Riley, reconoció su talento y lo desarrolló sistemáticamente.
En mayo de 1935, en los Campeonatos de la Big Ten de la universidad, Owens protagonizó la mejor actuación individual de la historia del atletismo hasta ese momento: en 45 minutos estableció tres récords del mundo (100 yardas, salto de longitud y 220 yardas vallas) e igualó un cuarto. Llegó a Berlín con 22 años como el mejor atleta del mundo.
Los cuatro oros
100 metros: el 3 de agosto de 1936, Owens ganó la final de 100m con 10.3 segundos (igualando el récord del mundo). Corrió las series con facilidad aparente y ganó la final con claridad sobre su compatriota Ralph Metcalfe.
Salto de longitud: el 4 de agosto tuvo lugar uno de los momentos más hermosos de los Juegos. Owens falló sus dos primeros intentos de clasificación. El alemán Luz Long se acercó y le sugirió que saltara desde un metro antes de la tabla para asegurarse la clasificación. Owens siguió el consejo, se clasificó y en la final batió el récord olímpico con 8,06 metros, superando al propio Long. Los dos atetas se abrazaron ante las cámaras. Luz Long fue enviado al frente en la Segunda Guerra Mundial y murió en 1943.
200 metros: el 5 de agosto, Owens ganó los 200m con 20.7 segundos, nuevo récord olímpico.
4x100 metros: el 9 de agosto, el equipo americano ganó el relevo con nuevo récord del mundo. La participación de Owens en esta prueba fue polémica: el seleccionador americano sustituyó a dos velocistas judíos (Marty Glickman y Sam Stoller) por Owens y Ralph Metcalfe, presuntamente a instancias del COI para no irritar al régimen nazi. Owens siempre dijo que la decisión le pareció injusta.
El mito de Hitler y el saludo
La historia popular dice que Hitler se negó a estrechar la mano de Owens como gesto de desprecio racista. La realidad es más matizada. El primer día, Hitler saludó a algunos atletas alemanes pero el presidente del COI le pidió que no saludara individualmente a ningún atleta para evitar situaciones comprometidas. Hitler así lo hizo desde entonces. Owens, en entrevistas posteriores, dijo que Hitler sí le saludó y le hizo un gesto de reconocimiento desde el palco. Lo que Owens sí denunció fue que Roosevelt nunca le envió un telegrama de felicitación, mientras que Hitler le envió una foto firmada.
El regreso y el desencanto americano
Al volver a Estados Unidos, Owens fue recibido con una celebración popular en Nueva York, pero la indiferencia oficial fue elocuente. Roosevelt no le invitó a la Casa Blanca. Owens, incapaz de vivir del atletismo amateur (la regla de la época prohibía cobrar), participó en exhibiciones degradantes: carreras contra caballos, contra motos, contra perros. Trabajó en empleos modestos durante años.
No fue hasta 1976, cuarenta años después de Berlín, cuando el presidente Ford le concedió la Medalla Presidencial de la Libertad. Owens murió en 1980. En 1990, el presidente Bush le concedió a título póstumo la Medalla de Oro del Congreso.
Jesse Owens representa el poder simbólico del deporte para enfrentarse a la injusticia. Sus cuatro oros en Berlín 1936 son el mayor logro individual en la historia de los Juegos Olímpicos de atletismo, y su contexto histórico los convierte en uno de los momentos más significativos del siglo XX.