El central es el jugador ubicado en la posición media de la red, entre los dos receptores-atacantes extremos. Es, junto al líbero, el rol más especializado del voleibol: su función principal es el bloqueo y el ataque rápido, dos acciones que requieren una combinación de altura, salto vertical potente y velocidad de reacción. Los centrales suelen ser los jugadores más altos del equipo, con envergaduras que en el voleibol masculino de élite superan frecuentemente los dos metros y cinco centímetros.
En ataque, el central se especializa en los tiempos rápidos: colocaciones bajas, cercanas y velozas que buscan sorprender al bloqueo contrario antes de que pueda organizarse. El ataque de primer tiempo (tempo 1) es su marca de identidad: el central comienza a saltar antes incluso de que el colocador reciba el balón, confiando en que la colocación llegará. Este sincronismo entre colocador y central requiere muchas horas de trabajo conjunto.
En defensa, el central es el director del bloqueo colectivo. Debe desplazarse lateralmente a gran velocidad a lo largo de la red para unirse al bloqueo en cualquiera de los extremos. En el mejor voleibol, el central «lee» la colocación contraria, decide si hay bloqueo en el centro o se suma al extremo, y ejecuta el salto en el momento exacto. Cuando rota a segunda línea, la mayoría de los equipos lo sustituyen sistemáticamente por el líbero para aprovechar al máximo la especialización de ambos roles.