La defensa en voleibol es el conjunto de acciones con las que un equipo intenta impedir que el balón toque el suelo en su propia cancha después del ataque rival. Abarca desde el bloqueo en la red hasta la defensa de fondo, pasando por los salvamentos acrobáticos (los llamados «digs») que los defensores realizan cerca del suelo para mantener vivo el balón.
La defensa de fondo requiere anticipación, lectura del atacante y disposición táctica del equipo. Los tres jugadores de segunda línea se posicionan antes del remate según la dirección esperada del balón: uno o dos detrás del bloqueo (en la zona que el bloqueo deja descubierta) y los demás cubriendo las zonas de diagonal. Los defensores de calidad ajustan su posición en fracciones de segundo según la carrera del atacante, la posición del colocador y las tendencias individuales del rematador contrario.
En el voleibol moderno, la defensa ha adquirido un protagonismo enorme gracias a la introducción del líbero en 1998 y al perfeccionamiento técnico de los salvamentos acrobáticos. Los mejores defensores del mundo son capaces de defender remates que superan los 100 km/h, lanzándose al suelo o realizando estiradas laterales de espectacularidad notable. Un equipo que mantiene altas tasas de defensa positiva obliga al rival a ejecutar múltiples ataques antes de ganar un punto, lo que supone un desgaste físico y mental significativo.