El punto de rally es el sistema de puntuación actual del voleibol, en el que cada jugada disputada concluye siempre con un punto asignado a uno de los dos equipos, independientemente de cuál de ellos haya efectuado el saque inicial. Si el equipo sacador gana el intercambio, suma un punto y repite saque. Si el equipo receptor gana el intercambio, también suma un punto y recupera el saque para la siguiente jugada.
Este sistema, introducido de forma definitiva en el año 2000, supuso una revolución respecto al modelo anterior conocido como «side-out». En el sistema side-out, solo el equipo sacador podía marcar un punto en cada jugada; el receptor que ganaba la acción únicamente obtenía el derecho a sacar en la siguiente. Esto producía partidos extremadamente largos y de dinámica más defensiva, ya que los equipos podían «aguantar» sin puntuar durante largas secuencias.
El impacto del punto de rally va más allá de lo estadístico: ha transformado la táctica del voleibol. Al valer cada jugada de la misma manera, el saque se ha vuelto mucho más agresivo (puesto que perderlo ya no significa también perder el punto), y la importancia de los errores no forzados ha aumentado notablemente. Los tiempos de juego son más predecibles, los partidos más dinámicos y el espectáculo televisivo más ágil, lo que ha contribuido al crecimiento global del voleibol como deporte de masas.