La recepción es el primer contacto del equipo con el balón tras el saque rival, y es el cimiento sobre el que se construye el ataque. Una recepción perfecta coloca el balón en el punto ideal para el colocador, lo que le permite decidir con tiempo y variedad a qué atacante servirá. Por el contrario, una mala recepción obliga al colocador a improvisar y reduce drásticamente las opciones ofensivas del equipo.
La técnica de recepción más utilizada es el toque bajo o de antebrazos: el jugador se coloca con rodillas flexionadas, pies separados al ancho de los hombros, y junta los antebrazos para formar una plataforma plana. El contacto se realiza en el tercio inferior de los antebrazos, y el movimiento de los brazos debe ser mínimo y controlado para redirigir la trayectoria del balón, no golpearlo. La dirección y el ángulo de la plataforma determinan hacia dónde va el balón.
Los mejores receptores del mundo, generalmente el líbero, pueden recibir saques en salto de más de 100 km/h y dirigirlos con precisión a la zona central de ataque. La recepción se entrena miles de horas y se evalúa con sistemas de puntuación interna (de 0 a 3) según la calidad del pase resultante. Un equipo con alta tasa de recepciones perfectas tiene una ventaja táctica enorme sobre el rival.