La rotación es el mecanismo que regula la distribución de los jugadores en el campo y el orden de saque en voleibol. Cada vez que un equipo gana un punto recuperando el saque del rival, todos sus jugadores rotan una posición en el sentido de las agujas del reloj: los jugadores de primera línea (posiciones 2, 3 y 4) pasan a segunda línea, y el jugador de la posición 1 (zona zaguera derecha) pasa a primera línea y le cede su lugar al siguiente, convirtiéndose en el nuevo sacador.
El campo se divide en seis posiciones numeradas: las posiciones 1, 6 y 5 corresponden a la segunda línea (zona zaguera), y las posiciones 2, 3 y 4 a la primera línea (zona delantera). En el momento del saque, cada jugador debe respetar la posición relativa con sus vecinos: no puede estar más atrás que el zaguero de su banda ni más adelante que el delantero correspondiente. Esta norma, llamada superposición o solape, busca que cada rotación tenga una formación válida.
Sin embargo, una vez que el balón está en juego, los equipos se reorganizan libremente. Los colocadores se dirigen a su zona habitual de colocación, los centrales se acomodan en la red y los receptores cubren el fondo de la cancha. Este proceso de «desdoblamiento» de la rotación inicial al sistema de juego real es uno de los elementos más complejos del voleibol táctico, y distingue a los equipos bien organizados de los que improvisan.