El saque es la acción que inicia cada punto en voleibol. A diferencia de otros deportes, en voleibol el saque no es solo una formalidad para poner el balón en juego: es una arma ofensiva de primer orden que puede generar puntos directos (aces) o desequilibrar la recepción del equipo contrario, dificultando así el ataque rival.
Existen tres tipos principales de saque en la competición moderna. El saque flotante (float serve) se golpea sin impartir rotación al balón; la ausencia de efecto genera una trayectoria inestable y difícil de predecir, lo que complica la recepción incluso a jugadores experimentados. El saque en salto con topspin (jump serve) es el más explosivo: el jugador lanza el balón, corre, salta y lo golpea con toda la potencia del brazo mientras imprime rotación hacia delante. El resultado es una parábola tensa y rápida que puede superar los 100 km/h.
En competición de alto nivel, el saque se ha convertido en un elemento de táctica colectiva: los equipos dirigen el saque hacia el receptor más débil del rival, hacia los cambios de posición en la rotación o hacia las zonas de mayor dificultad para la colocación posterior. Un sacador en racha puede encadenar varios puntos consecutivos y forzar al entrenador contrario a pedir tiempo muerto para cortar la dinámica.