Tokio 1964: el debut olímpico y el fenómeno japonés
La incorporación del voleibol al programa olímpico en los Juegos de Tokio 1964 no fue un accidente. Japón era entonces una potencia mundial en el deporte, especialmente en categoría femenina. El equipo japonés femenino, entrenado por el legendario Hirofumi Daimatsu con métodos de una dureza extrema —entrenamientos de seis a nueve horas diarias, ejercicios nocturnos, disciplina casi militar—, era el mejor del mundo. Daimatsu sabía que incluir el voleibol en el programa olímpico de los juegos que organizaba su país daría a Japón su momento de gloria.
El cálculo funcionó: el equipo femenino japonés ganó el oro olímpico en Tokio 1964 ante la Unión Soviética, en una final vista por la casi totalidad de la población japonesa por televisión. Las jugadoras, conocidas como las Hechiceras Orientales, se convirtieron en heroínas nacionales. En categoría masculina, la URSS ganó el primer oro olímpico. El voleibol estaba en el olimpo del deporte mundial.
La dominación soviética y el bloque del Este
Durante las décadas de los 60, 70 y parte de los 80, el voleibol de interior masculino y femenino fue dominado por los países del bloque soviético. La Unión Soviética, Polonia, Checoslovaquia, Alemania del Este y Bulgaria desarrollaron programas de formación de jugadores de una calidad técnica y física superior, apoyados por los recursos del Estado y una cultura de excelencia deportiva sistemática.
La URSS ganó el oro olímpico masculino en 1964, 1968 y 1980; Polonia en 1976; y la URSS de nuevo en 1980. En categoría femenina, la URSS fue igualmente dominante. Este período estableció los estándares técnicos del voleibol de alto nivel: el remate potente, el bloqueo organizado y la defensa de campo que hoy son la base del juego moderno.
La ruptura del dominio soviético llegó con la irrupción de Cuba en los años 90 y, sobre todo, de Brasil, que construyó a partir de finales de los 80 el modelo de selección nacional más exitoso de la historia del voleibol.
Brasil: la hegemonía del siglo XXI
La selección masculina de Brasil es el equipo más laureado de la historia del voleibol. Ha ganado tres oros olímpicos (Atenas 2004, Pekín 2008, Río 2016) y una cantidad de títulos mundiales y de Liga de Naciones que ningún otro país iguala. La selección femenina ha sido igualmente dominante, con oros olímpicos en Atenas 2004 y Londres 2012.
El secreto del voleibol brasileño reside en una combinación de factores: la cultura de la playa que produce jugadores con excepcional técnica individual desde la infancia, un sistema de ligas profesionales de primer nivel que genera competencia interna feroz, y una inversión pública y privada en la Confederação Brasileira de Voleibol (CBV) que no tiene precedentes en el voleibol mundial. El entrenador Bernardo Rezende, conocido como “Bernardo”, dirigió a la selección masculina durante más de dos décadas y es considerado el mejor entrenador de la historia del deporte.
El voleibol playa y la posición del líbero
El voleibol playa nació en Santa Mónica, California, en los años 20, como variante informal del voleibol de interior jugada en la playa con solo dos jugadores por equipo. Creció en la cultura surfista californiana y se extendió por las playas de Brasil, donde adquirió la importancia cultural de un deporte nacional.
El primer Campeonato del Mundo oficial de voleibol playa se celebró en 1987 en Río de Janeiro, y el deporte debutó en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 con el formato de dos contra dos. El torneo de voleibol playa olímpico se ha convertido en uno de los eventos más vistos y populares de los Juegos, gracias a su formato espectacular, su escenario de playa y la intensidad de los partidos entre parejas.
En el voleibol de interior, la gran innovación reglamentaria del final del siglo XX fue la introducción del líbero en 1998. Este especialista defensivo, que lleva una camiseta de color diferente, puede sustituir libremente a cualquier jugador de la fila de atrás sin consumir cambios y tiene restricciones ofensivas. La figura del líbero cambió radicalmente la dinámica defensiva del voleibol, haciendo los intercambios más largos y emocionantes.