El waterpolo olímpico tiene un nombre que sobresale por encima de todos los demás: Hungría. Con nueve medallas de oro conquistadas desde 1932 hasta 2004, la selección húngara masculina ha escrito la página más gloriosa de la historia de este deporte en los Juegos Olímpicos. Ningún otro país se acerca siquiera a esa cifra, lo que convierte a Hungría en un caso de hegemonía deportiva difícil de encontrar en cualquier disciplina.
El dominio histórico de una nación
El primer oro húngaro llegó en Los Ángeles 1932, en unos Juegos en los que el waterpolo apenas comenzaba a consolidarse como deporte olímpico. A partir de ese momento, Hungría encadenó victorias con una regularidad asombrosa: 1932, 1936, 1952, 1956, 1964, 1976 y 1980. Tras un largo paréntesis de dos décadas —en el que Yugoslavia, la URSS e Italia tomaron el relevo—, los húngaros protagonizaron uno de los retornos más espectaculares de la historia olímpica ganando el oro en Sídney 2000 y revalidándolo en Atenas 2004.
El partido de sangre de 1956
El episodio más dramático de toda la historia del waterpolo olímpico tuvo a Hungría como protagonista. En los Juegos de Melbourne, celebrados apenas semanas después de que los tanques soviéticos aplastaran la revolución húngara, ambas selecciones se enfrentaron en las semifinales. El encuentro, conocido como el “partido de sangre”, acabó con el agua de la piscina teñida de rojo. El húngaro Ervin Zádor salió del agua con la ceja partida tras un golpe de un rival soviético. Hungría ganó 4-0 y acabó alzándose con el oro. Aquella victoria fue mucho más que un resultado deportivo: fue un símbolo de resistencia nacional.
El renacimiento de los años 2000
Después de veinte años sin metales dorados, la generación liderada por jugadores como Tibor Benedek, Péter Biros y Rajmund Fodor devolvió a Hungría a la cima. El oro de Sídney 2000, obtenido tras derrotar a Rusia en la final, marcó el inicio de un nuevo ciclo dorado. En Atenas 2004, el equipo confirmó su supremacía venciendo a Serbia y Montenegro. Esa generación es, para muchos analistas, la más talentosa de la historia del waterpolo mundial.
Una cultura deportiva única
El secreto del éxito húngaro reside en una infraestructura única: el país cuenta con cientos de piscinas y clubes especializados, y el waterpolo forma parte del imaginario deportivo nacional desde hace más de un siglo. Budapest sola ha producido más campeones olímpicos que muchos países enteros. La competición interna es extraordinariamente exigente, lo que obliga a los jugadores a alcanzar un nivel técnico y táctico excepcional desde edades muy tempranas.
La comparativa internacional
Tras los nueve oros húngaros, la siguiente nación en el ranking es Yugoslavia/Serbia con cuatro, seguida de Italia con tres y la URSS/Rusia con dos. En categoría femenina, Estados Unidos domina con cuatro oros, seguido de Australia y Holanda con dos cada una. La distancia entre Hungría y el resto en la categoría masculina es un testimonio elocuente de la excepcionalidad de este récord.
Un legado vigente
Aunque Hungría no ha ganado más oros desde 2004, sigue siendo una potencia mundial de primer nivel. Sus clubes compiten regularmente en la Champions League de waterpolo y su selección aparece en todas las grandes finales internacionales. El récord de nueve oros olímpicos es uno de esos hitos que, por su magnitud y su historia, parece destinado a perdurar durante muchas décadas más.