El pase es el gesto técnico más frecuente en waterpolo y, sin embargo, el que menos atención recibe en los entrenamientos de categorías base. Un equipo que domina el pase mantiene la iniciativa del juego, agota a la defensa con circulaciones rápidas y crea los espacios que después el lanzador aprovecha. Mejorar el pase no es solo cuestión de brazo: es entender qué tipo de pase necesita cada situación.
El pase seco
El pase seco es el más intuitivo: el balón viaja por el aire desde la mano del pasador hasta la mano del receptor. La clave está en la dirección del pase, que debe llegar siempre al lado del cuerpo alejado del defensor. Si el receptor tiene al defensor a su derecha, el pase debe ir a su mano izquierda para que pueda atrapar y continuar el juego sin exponerse.
Para ejecutarlo correctamente, el codo debe estar alto y la muñeca se extiende en el último momento. El error más común es lanzar con el brazo bajo, lo que da al defensor tiempo de reacción. Un codo a la altura de la oreja reduce ese margen a casi cero.
El pase mojado
El pase mojado no llega a la mano del receptor: cae al agua justo frente a él, lo suficientemente cerca para que lo recoja sin moverse. Su utilidad está en saltarse al defensor que cierra el carril de pase aéreo. Mientras el defensor levanta el brazo para interceptar el pase seco, el balón ya está deslizándose por la superficie del agua hacia el receptor.
La dificultad está en la distancia de caída: si el balón cae demasiado lejos, el defensor tiene tiempo de girarse y robar. Si cae demasiado cerca, el receptor recibe el balón sobre la cabeza y pierde la ventaja. Practica el pase mojado desde tres metros hasta que la pelota caiga de forma consistente a menos de un metro del receptor.
El pase largo en contrataque
Cuando el equipo recupera el balón y tiene uno o dos jugadores adelantados, el portero o el defensor debe lanzar un pase largo en profundidad. Este pase exige potencia y precisión simultáneamente: el receptor está en movimiento, de espaldas o de lado, y el pase tiene que llegar a la altura perfecta para que pueda atraparlo sin frenar.
El truco está en apuntar no a donde está el receptor sino a donde va a estar. En la selección española este pase se trabaja específicamente en pretemporada: el portero lanza desde la línea de portería y dos extremos arrancan en carrera, obligando al portero a calcular la trayectoria con el receptor en movimiento durante diez metros.
El pase de muñeca
El pase de muñeca se usa en el juego interior, especialmente para alimentar al pivot desde el lateral. Es un pase corto, de uno a tres metros, que se ejecuta sin preparación visible: la muñeca se gira en el último instante y el balón sale de forma casi sorpresiva para el defensor. Requiere un control del balón muy fino y mucha práctica de agarre.
Ejercicio integrador: circulación a cuatro jugadores
Coloca cuatro jugadores en cuadrado a cinco metros de distancia. La consigna es pasar siempre al jugador diagonal (pase largo) y al mismo tiempo el receptor debe desplazarse un metro antes de recibir. Varía el tipo de pase cada vuelta: una vuelta en seco, una vuelta en mojado, una vuelta de muñeca. Este ejercicio obliga a comunicarse y a adaptar el tipo de pase al movimiento del receptor, que es exactamente lo que ocurre en partido.