El wushu en España tiene raíces que se hunden en el fenómeno global del kung fu que sacudió Occidente en los años setenta. Bruce Lee, las películas de la Shaw Brothers y el imaginario de los monjes Shaolin abrieron las puertas a miles de españoles que querían aprender las artes marciales chinas, y esa demanda creó el sustrato sobre el que después creció el wushu deportivo moderno.
El boom del kung fu en los años setenta
El impacto de Bruce Lee en la cultura popular occidental fue inmenso. Películas como “Operación Dragón” (1973) convirtieron el kung fu en un fenómeno de masas, y España no fue una excepción. A lo largo de los años setenta, escuelas de kung fu y artes marciales chinas abrieron en Madrid, Barcelona, Valencia y otras ciudades, atrayendo a jóvenes que querían aprender las técnicas que habían visto en pantalla.
Estos primeros maestros de kung fu en España procedían de tradiciones variadas: algunos habían aprendido en Hong Kong o Taiwán, otros en escuelas europeas, y algunos eran españoles que habían viajado a Asia o habían sido discípulos de maestros chinos. El resultado fue una escena de artes marciales chinas diversa y apasionada.
La distinción entre kung fu tradicional y wushu moderno
A medida que la práctica de las artes marciales chinas se organizaba en España, fue surgiendo una distinción importante entre el kung fu tradicional y el wushu moderno. El wushu competitivo fue creado en China en los años cincuenta como una versión estandarizada y deportiva de las artes marciales tradicionales. El gobierno chino impulsó el wushu para promover las artes marciales como deporte nacional y proyectar la cultura china al exterior.
Esta versión competitiva del wushu tiene dos modalidades principales: el taolu (ejecución de formas o secuencias predefinidas, evaluadas por un jurado) y el sanda (combate libre similar al kickboxing, con técnicas chinas). Ambas modalidades se desarrollaron también en España a medida que los practicantes de kung fu entraban en contacto con el circuito competitivo internacional.
La Federación Española de Wushu-Kung Fu
La creación de la Federación Española de Wushu-Kung Fu fue el paso institucional que unificó la representación del wushu y el kung fu en España. La federación adoptó el nombre combinado para incluir tanto a los practicantes del wushu deportivo moderno como a los de las tradiciones de kung fu más clásicas.
La federación española se integró en la Federación Mundial de Wushu (IWUF) y comenzó a participar en los Campeonatos del Mundo de Wushu, el principal evento internacional de la disciplina. España envió representantes a estas competiciones, donde debían medirse con las potencias asiáticas que dominan el deporte.
La influencia de la comunidad china en España
La presencia de la comunidad china en España, que creció significativamente a partir de los años ochenta y noventa, aportó un nuevo impulso al wushu en el país. Los inmigrantes chinos que llegaron a España traían en muchos casos una formación en artes marciales chinas, y algunos se convirtieron en maestros que abrieron escuelas o reforzaron las ya existentes.
Esta conexión con la diáspora china añadió una capa de autenticidad y tradición al wushu español, conectando a los practicantes españoles con las raíces vivas de las artes marciales chinas.
Los primeros Campeonatos de España de Wushu
Los primeros Campeonatos de España de Wushu organizados bajo el paraguas federativo establecieron el nivel competitivo nacional y permitieron identificar a los atletas con potencial para representar al país en competiciones internacionales. Estas competiciones nacionales, con pruebas de taolu y sanda, fueron la base sobre la que se construyó la estructura competitiva del wushu español.
El wushu como puerta a la cultura china
Más allá de la dimensión deportiva, el wushu en España ha funcionado siempre como una puerta de entrada a la cultura china más amplia. Las escuelas de wushu y kung fu han sido frecuentemente espacios donde se enseñaban no solo las técnicas marciales, sino también la filosofía, la historia y los valores asociados a las artes marciales chinas: disciplina, respeto, autocontrol y perseverancia.