Los inicios modestos en los años 70
El bádminton llegó a España en los años 70, traído principalmente por comunidades de expatriados del norte de Europa —británicos, daneses y alemanes— que se habían instalado en ciudades como Barcelona, Bilbao y Madrid. Estos colectivos estaban acostumbrados a practicar el deporte en sus países de origen y organizaron los primeros clubs informales en instalaciones polideportivas y colegios. El bádminton era entonces un deporte completamente desconocido para la mayoría de los españoles, que lo confundían con un juego de jardín sin mayor pretensión deportiva.
Los primeros clubs con vocación competitiva aparecieron en Cataluña y en el País Vasco a lo largo de la segunda mitad de los años 70. Barcelona, con su fuerte conexión con Europa a través del turismo y el comercio, fue el epicentro del bádminton español de aquella época. Los primeros torneos nacionales informales se organizaron en pabellones deportivos que apenas habían oído hablar de volantes y raquetas de badminton antes de que los pioneros llegaran con sus equipos.
La fundación de la FESBA y la institucionalización
En 1980 se fundó la Federación Española de Bádminton (FESBA), el paso decisivo para que el deporte pudiera desarrollarse de forma estructurada en el país. La FESBA se afilió a la Badminton World Federation (BWF) y al Comité Olímpico Español, lo que abrió la puerta a la participación de jugadores españoles en competiciones internacionales oficiales. Los primeros campeonatos de España organizados por la FESBA reunían a un puñado de clubs, pero establecieron los cimientos sobre los que se construiría todo lo posterior.
Durante los años 80, el bádminton español creció de forma lenta pero constante. Las ligas nacionales comenzaron a organizarse con regularidad, los clubs se multiplicaron por toda la geografía española y comenzaron a surgir los primeros entrenadores especializados, muchos de ellos procedentes de países con tradición bádmintonera como Dinamarca, Indonesia o Gran Bretaña. La apertura de centros de alto rendimiento y la inclusión del bádminton en el programa de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 —aunque España no tuvo representantes destacados— dieron un impulso importante al deporte.
El bádminton español antes de Carolina Marín
Durante los años 90 y la primera década del siglo XXI, el bádminton español fue un deporte de participación creciente pero con escasa proyección internacional en la élite mundial. Los jugadores españoles participaban con regularidad en los circuitos europeos y alguna vez llegaban a los torneos del circuito BWF, pero la distancia con las potencias asiáticas —China, Indonesia, Corea, Malasia— y con las europeas consolidadas —Dinamarca, Gran Bretaña, Francia— era muy grande.
A nivel de clubes, el bádminton vivió una expansión significativa en España durante estos años: el número de federados creció de forma sostenida, las ligas nacionales ganaron en número de equipos y nivel de juego, y varias comunidades autónomas desarrollaron sus propias estructuras competitivas. Murcia, Madrid y Cataluña emergieron como las regiones más activas en la producción de jugadores y en la organización de competiciones.
Carolina Marín: la revolución que cambió todo
La irrupción de Carolina Marín Martín (Huelva, 1993) en el bádminton mundial a partir de 2012 transformó completamente la percepción del bádminton español en España y en el mundo. Marín llegó al alto rendimiento con un físico excepcional, una intensidad competitiva fuera de lo común y un sistema de entrenamiento desarrollado por su entrenador Fernando Rivas que combinaba las exigencias técnicas del bádminton asiático con la mentalidad y el carácter combativo mediterráneo.
En 2014, en Copenhague, Carolina Marín se convirtió en campeona del mundo de bádminton individual femenino, la primera mujer no asiática en lograr ese título desde que el Campeonato del Mundo adoptó su formato moderno. Repitió el título en 2015 y en 2018, acumulando tres coronas mundiales que la situaron como una de las mejores bádmintoneras de la historia. En 2016, en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Marín añadió la medalla de oro olímpica a su palmarés, completando el ciclo de logros más brillante del bádminton español.
El impacto de Marín y el presente del bádminton español
El efecto Carolina Marín sobre el bádminton español fue inmediato y profundo: el número de licencias federativas creció exponencialmente, los medios de comunicación prestaron atención al deporte por primera vez de forma sostenida y la FESBA reforzó sus estructuras de tecnificación para aprovechar el impulso. Jóvenes de toda España comenzaron a practicar bádminton inspirados por los éxitos de Marín, y las escuelas de bádminton se multiplicaron en clubes y polideportivos de todo el país.
Hoy, el bádminton español cuenta con una estructura de ligas nacionales sólida, presencia en competiciones europeas de clubs y un equipo nacional que ha situado a España en el grupo de naciones emergentes en el circuito BWF. La figura de Carolina Marín sigue siendo la referencia absoluta del deporte en España, pero el ecosistema que su éxito contribuyó a crear es ahora mucho más amplio y tiene vida propia.