Nacido en los salones de la aristocracia inglesa, el bádminton tardó apenas unas décadas en cruzar fronteras y convertirse en un fenómeno deportivo global. Su expansión por Asia, sin embargo, fue tan profunda y tan definitiva que hoy el deporte tiene en ese continente su verdadero centro de gravedad, con jugadores de China, Indonesia, Malasia o Corea del Sur dominando los pódiums mundiales desde hace décadas.
La internacionalización temprana: de Europa a las colonias
A principios del siglo XX, el bádminton se extendió rápidamente por los países anglosajones y por las colonias del Imperio Británico. En India, Malasia y las Antillas, la presencia de administradores y militares ingleses fue el vector de transmisión de un deporte que pronto fue adoptado con entusiasmo por las poblaciones locales. En Canadá, Australia y Nueva Zelanda, las comunidades de emigrantes británicos establecieron los primeros clubs.
En Europa, la expansión fue desigual. Dinamarca se convirtió desde muy pronto en la gran potencia europea del bádminton, con una tradición de clubs y competiciones que hunde sus raíces en los años veinte del siglo XX. El deporte caló profundamente en la cultura deportiva danesa, y Dinamarca sigue siendo hoy la nación europea con mayor presencia en la élite mundial.
La Federación Internacional y las grandes copas por equipos
El crecimiento del bádminton internacional hizo necesaria una organización global. En 1934, nueve federaciones nacionales se reunieron para fundar la International Badminton Federation (IBF): Canadá, Dinamarca, Inglaterra, Francia, Gales, Irlanda, Nueva Zelanda, Escocia y los Países Bajos. La IBF pasó a denominarse Badminton World Federation (BWF) en 2006.
La federación institucionalizó las dos grandes competiciones por equipos del bádminton: la Copa Thomas (masculina), que se celebra desde 1949 y cuyo nombre homenajea al diplomático y jugador inglés Sir George Alan Thomas; y la Copa Uber (femenina), creada en 1957 en honor a Betty Uber, destacada jugadora y promotora del bádminton femenino inglés. Ambas copas se convirtieron en el escenario donde la supremacía asiática fue afirmándose de forma progresiva e irreversible.
El ascenso de Asia: Indonesia, China y la redefinición del élite
Las primeras ediciones de la Copa Thomas estuvieron dominadas por Malaya (hoy Malasia) e Indonesia, países donde el bádminton era ya un deporte de masas con una base de jugadores vastísima. Indonesia ganó la primera Copa Thomas en 1958 y se convirtió en la gran potencia del bádminton mundial durante las décadas de 1960 y 1970, con jugadores como Rudy Hartono, considerado por muchos el mejor jugador de la historia de los individuales masculinos.
La irrupción de China a partir de los años ochenta reconfiguró completamente el mapa de poder del deporte. Con un sistema de captación y formación de talentos masivo, respaldado por el Estado, China comenzó a producir jugadores de una calidad técnica y física que dejó al resto del mundo sin respuesta. Los jugadores chinos han ganado más medallas olímpicas de bádminton que cualquier otra nación desde la incorporación del deporte al programa olímpico.
La era olímpica y la profesionalización
El bádminton fue deporte de demostración en los Juegos de Múnich 1972 y alcanzó el estatus de disciplina olímpica plena en Barcelona 1992. Este reconocimiento aceleró la profesionalización del deporte: el circuito internacional se estructuró con torneos de distintas categorías, los contratos de patrocinio proliferaron y los mejores jugadores pudieron por primera vez dedicarse exclusivamente al bádminton.
La BWF creó el sistema de Super Series (rebautizado como BWF World Tour en 2018), un circuito de torneos de élite que concentra los mejores jugadores del mundo en competiciones celebradas principalmente en Asia. Este calendario reflejó con fidelidad la realidad de un deporte cuyo eje gravitacional había cruzado definitivamente el mundo occidental para instalarse en el continente asiático.