El bádminton es hoy el deporte de raqueta más practicado del mundo en número de jugadores, con una presencia especialmente arraigada en Asia. Su historia, sin embargo, comienza en las calles de la antigua India y en los salones de la aristocracia inglesa victoriana, recorriendo un camino de siglos desde el juego infantil hasta la disciplina olímpica.
Los antecedentes milenarios: battledore and shuttlecock
Las primeras referencias a un juego que combinaba un volante con plumas y un instrumento para golpearlo se remontan a más de dos mil años atrás. En China, Japón, India y la Antigua Grecia se han encontrado representaciones pictóricas y referencias escritas a juegos en los que los participantes golpeaban un objeto emplumado con la mano abierta o con una pequeña pala de madera.
Este juego, conocido en inglés como battledore and shuttlecock, era fundamentalmente cooperativo: el objetivo no era superar al contrario sino mantener el volante en el aire entre dos o más jugadores durante el mayor tiempo posible. No había red, no había puntuación y no había ganadores ni perdedores. Era entretenimiento puro, especialmente popular entre niños y jóvenes.
En la Europa medieval y renacentista, el juego se extendió ampliamente. Hay grabados del siglo XVI que muestran a niños jugando al battledore en países como Alemania, Francia e Inglaterra. El volante de aquella época ya era sorprendentemente similar al actual: plumas incrustadas en una base esférica de corcho que le daban su característica trayectoria aerodinámica.
El Poona: del juego sin red al deporte competitivo
El salto cualitativo que transformó el battledore en un deporte competitivo se produjo en la India colonial del siglo XIX. Los oficiales del ejército británico destinados en la ciudad de Poona (actual Pune, Maharashtra) adaptaron el antiguo juego de volante añadiendo una red entre dos equipos, estableciendo equipos y fijando reglas básicas de puntuación.
El nuevo juego, bautizado simplemente como Poona, se jugaba especialmente en los cuarteles y clubs sociales de la India colonial, donde los militares buscaban distracciones para el tiempo libre. Las reglas eran informales y variaban de una partida a otra, pero el esquema básico —equipos enfrentados a ambos lados de una red, golpeando un volante con paletas— ya era reconociblemente el del bádminton moderno.
Cuando los militares regresaron a Inglaterra al término de sus destinos en la India, algunos trajeron consigo el Poona y sus equipamientos, introduciendo el juego en los círculos sociales de la metrópoli.
Badminton House y el nacimiento oficial del deporte
La fecha y el lugar que convencionalmente se aceptan como el nacimiento del bádminton moderno son 1873 y Badminton House, la mansión del duque de Beaufort en Gloucestershire, en el suroeste de Inglaterra. Según la tradición, el duque —anfitrión de una reunión social a la que asistían varios oficiales recién llegados de India— instaló una red en uno de sus salones y organizó una partida del Poona para entretener a sus invitados.
El juego gustó tanto a los asistentes que comenzó a practicarse regularmente en la propiedad, y pronto se extendió entre la aristocracia y la alta burguesía inglesa. Al referirse al nuevo pasatiempo, los jugadores lo llamaban simplemente “el juego de Badminton” o “bádminton”, en referencia a la finca donde lo habían descubierto. El nombre prosperó y acabó siendo adoptado de forma universal.
La primera reglamentación formal
Con el crecimiento de la popularidad del bádminton en los clubs sociales ingleses surgió la necesidad de estandarizar las reglas. En 1887, el Bath Badminton Club redactó las primeras reglas escritas del deporte, que en 1893 fueron adoptadas y publicadas por la recién creada Asociación de Bádminton de Inglaterra (Badminton Association of England), la primera federación del deporte en la historia.
Ese mismo año se celebró el primer campeonato de bádminton registrado. La pista de juego original tenía una forma de reloj de arena —más estrecha en el centro, donde estaba la red— que con el tiempo fue sustituida por el rectángulo que utilizamos hoy. La codificación de las reglas fue el paso final que transformó el antiguo juego de salón en un deporte con identidad propia.