El balonmano es hoy uno de los deportes de equipo más populares de Europa, con millones de seguidores en Alemania, Francia, España y los países escandinavos. Pero su historia olímpica estuvo a punto de no existir. Entre su primera aparición y su regreso oficial pasaron 36 años y una guerra mundial, y cuando volvió era un deporte casi completamente diferente.
Berlín 1936: el debut ante 100.000 espectadores
Los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 son hoy recordados principalmente por dos cosas: la propaganda nazi de Leni Riefenstahl y las cuatro medallas de oro de Jesse Owens. Pero en esos mismos Juegos debutó como deporte olímpico el balonmano de campo.
Era una modalidad radicalmente distinta a lo que conocemos hoy. Se jugaba al aire libre, en un campo de fútbol, con 11 jugadores por equipo (igual que el fútbol), y con reglas que permitían un juego más físico y más parecido al fútbol americano. La final entre Alemania y Austria se disputó en el Estadio Olímpico ante más de 100.000 espectadores, una de las mayores asistencias de la historia del deporte de equipo.
Alemania ganó el oro. Y el balonmano olímpico desapareció.
36 años de ausencia
La razón de la desaparición fue simple: el balonmano de campo no consiguió suficiente apoyo entre los países miembros del Comité Olímpico Internacional para mantenerse en el programa. Era un deporte esencialmente centroeuropeo, con poca implantación fuera de Alemania, Austria y los países escandinavos. El COI lo eliminó del programa tras Berlín.
Durante las décadas siguientes, el balonmano evolucionó hacia el formato de sala que hoy conocemos. En lugar de 11 jugadores en un campo de fútbol, la versión interior usaba 7 jugadores en una pista cubierta de 40x20 metros. El juego era más rápido, más dinámico, y se podía disputar en cualquier época del año y cualquier clima.
Esta versión se fue extendiendo por Europa y, cuando en los años 60 el deporte tenía ya suficiente implantación internacional, los países promotores solicitaron de nuevo su inclusión olímpica.
El regreso en Múnich 1972
El balonmano moderno de sala entró en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 para la competición masculina, y en Montreal 1976 para la femenina. No tenía nada que ver con el juego de 1936 salvo el nombre y el portero.
El torneo de 1972 marcó el inicio de la era de dominancia de los países del este de Europa: Yugoslavia, la URSS y Rumanía dominaron los primeros años. En las décadas siguientes, Alemania, Francia y los países escandinavos (especialmente Dinamarca y Suecia) se convirtieron en potencias. España ha ganado el Mundial masculino en 2005 y 2013.
La ironía histórica es que el balonmano olímpico moderno es en realidad un deporte diferente al que debutó en Berlín bajo ese nombre. El deporte que ganó el oro en 1936 no existe en competición internacional de alto nivel desde hace décadas. Y el que se juega hoy en los Juegos no tiene ninguna continuidad institucional con aquella final de 100.000 espectadores.
Dos deportes con el mismo nombre y un abismo de 36 años entre ellos.