En el balonmano, el portero no es el jugador que falla cuando el equipo encaja un gol: es el que salva al equipo cuando todo lo demás ha fallado. Una parada en el momento decisivo puede cambiar un partido, un torneo, una final. Y algunos porteros han hecho tanto de eso durante tanto tiempo que han redefinido lo que significa jugar bajo los palos.
Thierry Omeyer: el mejor de todos los tiempos
El debate sobre el mejor portero de la historia del balonmano tiene un nombre que aparece siempre al principio de la conversación: Thierry Omeyer. El francés, nacido en 1976, tuvo una carrera activa de más de veinte años durante los cuales ganó absolutamente todo lo que se puede ganar en el balonmano: dos títulos mundiales con Francia (2009 y 2011), dos títulos europeos (2006 y 2010), el oro olímpico de Pekín 2008 y múltiples títulos de EHF Champions League con el Barça y el SG Flensburg-Handewitt alemán.
Lo que hacía especial a Omeyer no era solo su físico —1,92 metros de altura, reflejos extraordinarios— sino su capacidad de leer el juego. Omeyer miraba el cuerpo del lanzador, no el balón, y tomaba sus decisiones de colocación fracciones de segundo antes del disparo. Sus porcentajes de parada en finales de grandes campeonatos eran consistentemente superiores al 40%, una cifra que en balonmano de élite es casi sobrenatural.
David Barrufet y la escuela española
Antes de que Omeyer dominara el panorama europeo, otro portero estaba construyendo su leyenda en el Barça: David Barrufet. El catalán fue durante más de una década el portero más dominante de Europa, ganando múltiples títulos con el Barça y siendo considerado el mejor portero del mundo en varios años de la década de 1990.
Barrufet representaba una escuela de portero diferente: más cerebral, menos atlético en la definición explosiva, pero con una lectura del juego y una presencia psicológica que intimidaban a los lanzadores rivales. Su longevidad en el alto nivel —estuvo en el Barça desde 1991 hasta 2009— es otro de sus récords inigualados.
Andreas Palicka y la generación moderna
La generación actual tiene en el sueco Andreas Palicka a su referente más claro. Alto (1,98 metros), con una envergadura de brazos excepcional y una capacidad de reacción que los analistas han medido entre los más rápidos del mundo, Palicka ha ganado Mundiales, Eurocopas y Champions League con el Barça, al que llegó en 2021 para convertirse en el heredero de una larga tradición de porteros extraordinarios en el club azulgrana.
Por qué el portero lo decide todo
Los analistas estadísticos del balonmano moderno llevan años demostrando algo que los entrenadores siempre han sabido intuitivamente: en los partidos entre equipos de nivel similar, el rendimiento del portero explica más varianza en el resultado que cualquier otra variable. Un portero en estado de gracia puede ganar un partido él solo. Por eso los clubs de élite invierten en sus porteros como en ninguna otra posición.