Bertrand Gille fue durante dos décadas el cerebro táctico del balonmano francés, el jugador que hacía funcionar el ataque desde la posición de pivote con una inteligencia de juego que pocos han igualado en la historia del deporte. Junto a su hermano gemelo Guillaume y a figuras como Nikola Karabatic y Thierry Omeyer, Gille fue parte de la generación más laureada de la historia del balonmano francés.
Los gemelos Gille: una historia única
Nacidos el 7 de agosto de 1979 en Burdeos, Bertrand y Guillaume Gille son gemelos que crecieron juntos en el balonmano y que llegaron juntos a la selección francesa. La coincidencia de dos hermanos gemelos alcanzando el más alto nivel del balonmano internacional es una rareza estadística que hace su historia todavía más singular.
Bertrand se especializó como pivote, la posición más física y tácticamente compleja del ataque balonmanístico. Guillaume, más orientado al juego exterior, acabaría convirtiéndose en entrenador y en seleccionador nacional de Francia años después de su retirada, llevando al equipo a la medalla de oro olímpica de Tokio 2020.
El arquitecto del ataque francés
En el sistema táctico de la selección francesa de los años 2000 y 2010, Gille cumplía una función que iba más allá de los goles anotados. Era el jugador que con sus movimientos sin balón creaba los espacios que los laterales aprovechaban para lanzar, el que con sus bloqueos liberaba a Karabatic y compañía para sus penetraciones características, y el que con su visión de juego organizaba el ataque desde la posición más interior del campo.
Esta función de arquitecto táctico es difícil de cuantificar en estadísticas pero resulta obvia para cualquier técnico que haya analizado el juego francés de esa época. La selección gala funcionaba con una complejidad táctica que requería jugadores de enorme inteligencia en todas las posiciones, y Gille representaba ese perfil a la perfección.
Los títulos de la era dorada francesa
Con la selección francesa, Gille acumuló un palmarés que solo está al alcance de los mejores de cada generación. Los títulos mundiales de 2009 y 2011, los europeos de 2006 y 2010, y las medallas olímpicas llegaron como parte de un equipo en el que Gille era una pieza indispensable. El entrenador Claude Onesta construyó un sistema donde cada jugador tenía un rol muy definido, y Gille cumplió el suyo con una consistencia y un nivel que le hacen una referencia permanente en la historia del deporte.
A nivel de clubs, Gille jugó en el Montpellier HB y en el Hamburg SV alemán, entre otros, ganando títulos en ambas ligas y participando en las fases más avanzadas de la Liga de Campeones.
Legado: la inteligencia como herramienta
El legado de Bertrand Gille en el balonmano es el de demostrar que la posición de pivote puede ser mucho más que una función de bloqueo y fuerza. Su manera de entender el juego abrió camino para una generación de pivotes más técnicos y más cerebrales, que entienden su papel como el de un distribuidor de espacios tanto como el de un rematador. En la historia del balonmano francés, su nombre aparece siempre junto a los de las grandes figuras de una época irrepetible.