La selección española de balonmano masculino, conocida en todo el mundo como Los Hispanos, es uno de los proyectos deportivos colectivos más exitosos y consistentes de la historia del deporte español. Tres oros mundiales, una medalla de plata olímpica y una presencia constante en los pódiums de los grandes torneos internacionales durante más de dos décadas avalan una trayectoria que ha redefinido el lugar de España en el balonmano mundial.
Los orígenes: de la discreción al reconocimiento internacional
Durante muchos años, el balonmano español existió a la sombra de los grandes dominadores del deporte: los países del este de Europa y los escandinavos, que habían construido una tradición de décadas. Sin embargo, a lo largo de los años noventa, España comenzó a consolidar una generación de jugadores con talento suficiente para competir con los mejores del mundo. La plata olímpica de Barcelona 1992 fue el primer gran aldabonazo: en su propia casa, España alcanzó la final del torneo olímpico, perdiendo ante la selección unificada de países de la antigua URSS, y dejó claro que algo nuevo estaba emergiendo en el balonmano español.
En los años siguientes, el equipo continuó creciendo. Jugadores como David Barrufet, Talant Dujshebaev —un kazajo nacionalizado español que se convirtió en uno de los grandes de la historia del deporte— o Ángel Hermida fueron los pilares de un equipo que comenzaba a amenazar a los grandes.
2005: el primer oro mundial
El 5 de febrero de 2005, en Túnez, la selección española de balonmano masculino conquistó su primer Campeonato del Mundo. Dirigidos por el seleccionador Juan Carlos Pastor, Los Hispanos derrotaron en la final a Croacia y pusieron a España por primera vez en lo más alto del balonmano mundial. Jugadores como Demetrio Lozano, Rafael Guijosa, Julen Aguinagalde y Alberto Entrerríos fueron los protagonistas de una hazaña que marcó un antes y un después en la historia del deporte español.
Aquel título no fue un accidente: fue la confirmación de que España había construido un sistema sólido, capaz de generar talento de forma continua y de competir con garantías en cualquier torneo internacional.
2013: el oro en casa
Ocho años después, y esta vez como país anfitrión, España volvió a ganar el mundo. El Campeonato del Mundo de Balonmano Masculino de 2013 se disputó en España, con el Palau Sant Jordi de Barcelona y el Palacio de los Deportes de Madrid como escenarios principales. La final, disputada en Barcelona ante una multitud entregada, enfrentó a España con Dinamarca. Los Hispanos ganaron y se consagraron de nuevo como los mejores del mundo.
La generación de 2013 estaba liderada por Víctor Tomàs, Raúl Entrerríos, Julen Aguinagalde, Daniel Sarmiento y Rodrigo Corrales, con un juego colectivo de una fluidez y una intensidad reconocidas en todo el circuito internacional. Aquella selección es considerada por muchos expertos una de las mejores de la historia del balonmano mundial.
2021: el tercer oro en Egipto
Más de siete años después, una nueva generación de Los Hispanos completó la hazaña histórica. En el Mundial de Egipto 2021, España volvió a ganar el oro al derrotar en la final a Dinamarca en un partido épico que se resolvió en el tiempo extra. La nueva generación, encabezada por Alex Dujshebaev —hijo del legendario Talant—, Gonzalo Pérez de Vargas (elegido mejor portero del torneo), Ángel Fernández y otros jóvenes talentos, demostró que el relevo estaba más que asegurado.
Con tres títulos mundiales, España se sitúa entre las grandes potencias históricas del balonmano masculino, junto a Francia (cuatro oros), Suecia y Dinamarca.
La continuidad: clave del éxito español
El secreto de Los Hispanos no es solo el talento individual, sino la capacidad de mantener una identidad colectiva a lo largo de generaciones. Un sistema de formación bien estructurado, la Liga ASOBAL como laboratorio de nivel internacional y una Federación que ha apostado por la continuidad de los proyectos técnicos han permitido que España no dependa de una única generación dorada, sino que sea capaz de regenerarse de forma constante. Esa continuidad es, quizás, el mayor logro del balonmano español masculino.