El balonmano es un deporte de contacto físico controlado. A diferencia del baloncesto, donde cualquier roce puede ser falta, en balonmano se permite un grado de contacto corporal entre jugadores que forma parte de la esencia del juego. Sin embargo, este contacto tiene límites claros que el árbitro debe hacer respetar.
La filosofía del reglamento de balonmano es proteger a los jugadores de acciones peligrosas sin eliminar el componente físico que hace al deporte tan dinámico y emocionante. Por eso, las faltas se juzgan más por la intención y la peligrosidad que por el simple hecho del contacto.
Un defensor puede usar su cuerpo como barrera para dificultar el avance del atacante. Puede emplear el torso y los hombros para ocupar espacio. Lo que no puede hacer es extender los brazos para empujar, agarrar la camiseta o el brazo del rival, ni lanzarse sobre él desde lejos.
El contacto en el lanzamiento
Uno de los momentos más regulados es el del lanzamiento a portería. El defensor puede intentar bloquear el balón, pero no puede golpear el brazo del atacante mientras este lanza. Si lo hace, el árbitro puede señalar falta y, dependiendo de la gravedad, conceder golpe franco o incluso penalti.
Consecuencias de la falta
Las faltas en balonmano se sancionan de forma progresiva. Una falta leve supone golpe franco para el equipo contrario. Si la falta impide una clara ocasión de gol, el árbitro puede conceder penalti de siete metros. Las faltas repetidas o peligrosas pueden acarrear tarjeta amarilla, exclusión temporal o tarjeta roja.