El portero es la pieza más especial del balonmano. Tiene privilegios que el resto de jugadores no tienen, pero también limitaciones propias de su posición. Entender qué puede y qué no puede hacer marca la diferencia para comprender muchas jugadas.
El área es territorio del portero
El área de portería, delimitada por la línea de 6 metros, es el espacio exclusivo del guardameta. Ningún jugador de campo rival puede entrar en ella. El portero, dentro de su área, tiene libertad total: puede tocar el balón con cualquier parte del cuerpo, incluidos los pies, y puede moverse sin restricción de pasos ni tiempo.
Fuera del área: las mismas reglas que todos
Cuando el portero abandona el área y actúa como jugador de campo, deja de tener privilegios especiales. Queda sujeto a la regla de los tres pasos, el tiempo máximo de tres segundos con el balón y la prohibición de tocar el balón con el pie. Si lo hace fuera del área, el árbitro pita falta.
El saque de portero
Tras una parada o cuando el balón sale por la línea de fondo después de tocar al portero, el juego se reanuda con un saque de portero. El guardameta lanza desde dentro del área y los rivales deben estar fuera de la línea de 9 metros hasta que el balón haya salido del área.
El portero-jugador: la táctica del todo o nada
Una de las estrategias más arriesgadas del balonmano moderno es el portero-jugador (en alemán, Feldspieler o simplemente “7 contra 6”). El equipo retira al portero del campo y sustituye esa plaza por un séptimo jugador de campo, buscando superioridad numérica en ataque.
La portería queda vacía. Si el rival roba el balón, tiene el camino libre para anotar. Es una táctica de alta tensión que se usa habitualmente en los últimos minutos cuando se va perdiendo por un gol.
Sanciones al portero
El portero también puede ser excluido dos minutos o recibir tarjeta roja por conducta antideportiva o faltas graves, igual que cualquier jugador. En ese caso, el equipo puede poner a otro portero o a un jugador de campo con ropa diferente que ocupe su lugar.