El balonmano dispone de un sistema de sanciones disciplinarias progresivo que permite a los árbitros gestionar el comportamiento de los jugadores durante el partido. El objetivo es mantener el control del juego sin recurrir inmediatamente a las medidas más severas, aunque también contempla la sanción directa en casos de gravedad extrema.
La primera escalón es la amonestación. Puede ser verbal —un aviso del árbitro sin tarjeta— o formal con tarjeta amarilla. Cada jugador solo puede recibir una tarjeta amarilla por partido; una segunda infracción que en otro contexto sería amonestable debe sancionarse directamente con exclusión de dos minutos.
La exclusión de dos minutos implica que el jugador abandona el campo y su equipo juega en inferioridad numérica durante ese tiempo. No puede ser sustituido inmediatamente, aunque sí puede volver al finalizar los dos minutos. Un mismo jugador puede recibir hasta tres exclusiones antes de ser descalificado automáticamente.
Descalificación y sus tipos
La descalificación con tarjeta roja implica la expulsión definitiva del partido. El jugador debe retirarse a vestuarios o a un área designada y no puede tener ningún tipo de comunicación con el banquillo. Si la tarjeta roja va acompañada de un informe escrito del árbitro, el caso se eleva a la federación correspondiente para una posible sanción adicional.
Sanciones a técnicos y personal del banquillo
El sistema de sanciones también aplica a entrenadores, ayudantes y demás personal autorizado en el banquillo. Una amonestación al banquillo puede escalar a exclusión de un oficial, lo que impide a esa persona seguir dando instrucciones desde el banquillo durante dos minutos. Esto puede alterar significativamente la gestión táctica del equipo en momentos críticos.