Si hay un récord en el béisbol que trasciende el deporte y se convierte en un elemento de la cultura popular, ese es la racha de 56 partidos consecutivos con hit de Joe DiMaggio. El verano de 1941, cuando la mayor parte del mundo estaba en guerra, DiMaggio mantuvo a Estados Unidos en vilo con una hazaña estadística que los matemáticos, más de ochenta años después, siguen calificando como la más improbable de la historia del deporte norteamericano.
El verano de 1941: América y DiMaggio
El 15 de mayo de 1941, DiMaggio conectó un sencillo en un partido contra los Chicago White Sox. En los días siguientes siguió conectando, y siguió, y siguió. La racha fue ganando notoriedad progresivamente: cuando llegó a los 20 partidos se empezó a hablar de ella; cuando superó el récord de la Liga Americana de 41 partidos (de George Sisler), los periódicos de todo el país seguían cada partido; cuando llegó a los 45 partidos y superó el récord histórico general de Wee Willie Keeler (44 partidos, establecido en 1897), el país entero estaba pendiente.
La racha coincidió con la grabación de una canción que se convirtió en un éxito ese verano: “Joltin’ Joe DiMaggio”, que capturaba el fenómeno cultural que se había convertido en el centro de la atención deportiva de un país que necesitaba algo positivo en lo que concentrarse.
Los números de la racha
Durante esos 56 partidos, DiMaggio bateó .408 con 91 hits, 56 carreras impulsadas y 15 jonrones. La consistencia de esas cifras, partido tras partido, contra distintos pitchers, en diferentes estadios y condiciones, es lo que hace la racha tan extraordinaria. En el béisbol, la variabilidad es enorme: los mejores bateadores de todos los tiempos fallan en más del 60% de sus turnos al bate. Mantener un porcentaje de éxito suficiente para conseguir al menos un hit en cada partido, durante 56 consecutivos, es una hazaña estadística casi milagrosa.
La noche que terminó la racha
El 17 de julio de 1941, en el Municipal Stadium de Cleveland, DiMaggio intentó extender su racha en un partido ante los Indians. Pero esa noche, el tercera base Ken Keltner estaba inspirado: realizó dos fildeos excepcionales en bolas bateadas que habrían sido hits casi cualquier otra noche. DiMaggio terminó el partido sin hits y la racha se detuvo en 56.
Lo que resulta aún más extraordinario es que, después de esa noche, DiMaggio inició otra racha de 16 partidos consecutivos con hit. Es decir, en un período de 73 partidos, solo hubo uno en el que no conectó. La noche de Cleveland fue casi un accidente estadístico en medio de un período de dominio casi absoluto.
El análisis matemático: el récord más improbable
Los investigadores y estadísticos han analizado repetidamente la racha de DiMaggio y han llegado a conclusiones que hacen aún más extraordinario el logro. Estudios de probabilidad estiman que, dado el nivel de DiMaggio como bateador y el número de turnos al bate por partido, las probabilidades de conseguir al menos un hit en 56 partidos consecutivos eran de aproximadamente 1 entre varios millones.
El economista y estadístico Samuel Arbesman publicó un artículo en 2008 calculando que, si el béisbol se jugara desde el principio mil veces, la racha de DiMaggio se reproduciría menos de la mitad de las veces. Es el récord deportivo más improbable en términos puramente matemáticos.
DiMaggio como símbolo cultural
Joe DiMaggio trascendió el béisbol para convertirse en un símbolo de la cultura americana. Su matrimonio con Marilyn Monroe, su elegancia dentro y fuera del campo, y su perfil como “el héroe americano” de los años cuarenta y cincuenta lo convirtieron en una figura mucho más grande que el deporte. Simon y Garfunkel le mencionaron en la letra de “Mrs. Robinson” (1968). Ernest Hemingway le citó en “El viejo y el mar”. Y su racha de 56 partidos sigue siendo, más de ocho décadas después, el punto de referencia cuando se habla de los récords deportivos más extraordinarios de la historia.