En el BMX Freestyle existe una categoría de trucos que los propios riders describen como “imposibles hasta que alguien los hace”. Son maniobras que parecen violar las leyes de la física, que requieren años de preparación y que cuando se ejecutan por primera vez en competición marcan un antes y un después en la historia del deporte. Estos son algunos de los más extraordinarios.
El double backflip: dos vueltas hacia atrás
El backflip —una vuelta completa hacia atrás en el eje horizontal— fue durante años el truco más espectacular del BMX Freestyle. Cuando alguien por primera vez planteó la posibilidad de hacerlo dos veces en un solo salto (el double backflip), la respuesta unánime de la comunidad fue que era físicamente imposible.
Era necesario alcanzar una altura de al menos seis o siete metros sobre el borde de la rampa, generar suficiente velocidad de rotación para completar dos vueltas completas y aterrizar con suficiente control para no salir proyectado. La ventana de tiempo disponible es de apenas dos o tres segundos.
El australiano Colin Mackay realizó el primer double backflip reconocido en una competición de BMX durante los X Games de 2004. La hazaña fue recibida con incredulidad y euforia por toda la comunidad del BMX. Después de Mackay, otros riders como Ryan Guettler perfeccionaron el truco hasta ejecutarlo con una consistencia que antes hubiera parecido inimaginable.
El flair y el double flair: rotación en dos ejes
El flair es una variante del backflip que añade 180 grados de rotación lateral. El rider sale de un lado del cuarto de tubo, da una vuelta hacia atrás girando también de lado y aterriza mirando en sentido contrario al de su salida. La combinación de rotación longitudinal y lateral hace el flair considerablemente más difícil que el backflip puro.
El double flair lleva esto al siguiente nivel: dos vueltas completas de flair en un solo salto. Es el truco que muchos expertos consideran el más difícil del BMX Freestyle Park, no solo por las exigencias físicas sino por la complejidad de coordinar la rotación en dos ejes durante el tiempo de vuelo disponible.
El double flair fue ejecutado por primera vez en competición por el rider estadounidense Mark Webb durante los Red Bull Dirt Conquistadors de 2011. Desde entonces, solo un número muy reducido de riders en el mundo son capaces de ejecutarlo con consistencia.
El triple tailwhip: tres giros del cuadro
El tailwhip —el giro del cuadro de la bicicleta 360 grados alrededor del eje del manillar mientras el rider está en el aire— es uno de los trucos más icónicos del BMX. El double tailwhip (dos rotaciones del cuadro en un solo salto) es ya de por sí un truco de alto nivel. El triple tailwhip (tres rotaciones completas) es el territorio de muy pocos riders en el mundo.
El triple tailwhip requiere una velocidad de rotación del cuadro extraordinaria y un tiempo de vuelo suficiente para completar las tres vueltas. Los primeros riders en ejecutarlo de forma consistente lo hicieron en rampas especialmente diseñadas para maximizar la altura, con extensiones de varias metros que permiten alcanzar los siete u ocho metros de vuelo necesarios.
Las combinaciones: el siguiente nivel
Pero quizás lo más asombroso del BMX Freestyle moderno no son los trucos individuales sino las combinaciones. Los mejores riders del mundo ejecutan en competición maniobras como el barspin double tailwhip (el manillar gira 360 grados mientras el cuadro da dos vueltas) o el 360 double tailwhip (el cuerpo rota 360 grados mientras el cuadro da dos vueltas). Son combinaciones que hace diez años se habrían considerado ciencia ficción.
La progresión técnica del BMX Freestyle en los últimos años ha sido vertiginosa. Lo que en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 era el límite de lo posible ha sido superado en muchos casos para los Juegos de Paris 2024. El BMX sigue empujando los límites de lo que un cuerpo humano puede hacer sobre una bicicleta de 20 pulgadas.
El precio de empujar los límites
Todos estos trucos tienen un precio: las caídas. Los riders que pionean los trucos más difíciles acumulan lesiones a lo largo de su carrera que serían impensables en deportes convencionales. Costillas rotas, muñecas fracturadas, lesiones de rodilla y concusiones son parte del coste de empujar los límites del posible en el BMX Freestyle. Es un precio que los mejores riders pagan conscientemente, impulsados por una pasión y un compromiso con su deporte que va mucho más allá del resultado en competición.