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BMX

Bicicletas pequeñas, trucos imposibles y carreras explosivas: el BMX en sus dos modalidades olímpicas, racing y freestyle.

El BMX y la cultura urbana: su influencia en el skate y el street

El BMX Freestyle nació junto al skateboard y comparte con él muchos valores culturales: la creatividad, la expresión individual, la calle como escenario y la resistencia a la institucionalización. Así influyeron mutuamente el BMX y la cultura urbana.

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Dos ruedas, una misma actitud

Cuando el BMX Freestyle empezó a tomar forma en los años 80, sus practicantes compartían las mismas calles, los mismos skateparks y la misma actitud que los skaters de la época. No era una coincidencia: tanto el skateboard como el BMX nacieron de la misma California contracultural de los años 70, animados por los mismos valores de libertad, creatividad y resistencia a las normas establecidas del deporte convencional.

Los primeros freestylers de BMX y los primeros skaters del street se encontraban en los mismos lugares: las calles con escaleras y barandillas para deslizarse, los skateparks públicos construidos en los años 70 y los halfpipes de madera que cualquiera podía construir en su jardín. La influencia fue mutua: el BMX tomó del skate el vocabulario de trucos (muchos nombres son idénticos: manual, grind, stall, barspin en el BMX tiene su equivalente en el kickflip del skate), y el skate absorbió del BMX la cultura de los circuitos de tierra y los saltos.

La calle como escenario

Uno de los elementos culturales más importantes que el BMX y el skateboard comparten es la concepción de la calle como escenario natural del deporte. Mientras el BMX Racing se practicaba en circuitos construidos específicamente para el deporte, el BMX Freestyle encontró en el entorno urbano —las escaleras, las barandillas, los bordillos, los muros— sus obstáculos naturales.

Esta apropiación del espacio urbano tenía una dimensión política y cultural: los riders de BMX y los skaters reclamaban el derecho a usar la ciudad de una manera no convencional, desafiando las normas sociales que dictaban cómo debían usarse las aceras, las escaleras o las plazas. Esa actitud generó frecuentes conflictos con las autoridades locales, pero también dio al BMX una imagen de rebeldía y autenticidad que se convirtió en parte esencial de su identidad.

El papel de la música y la estética

El BMX Freestyle de los años 80 y 90 se desarrolló en estrecha relación con otras expresiones de la cultura urbana: el hip hop, el punk, el graffiti y, más tarde, el metal alternativo. Las competiciones de freestyle tenían una estética que nada tenía que ver con los eventos deportivos convencionales: ropa holgada, cascos de half-shell en lugar de integrales, música a todo volumen y una atmósfera de festival más que de competición atlética.

Las revistas especializadas de BMX —como BMX Plus!, Ride BMX o Transworld BMX— desarrollaron un lenguaje visual y editorial muy cercano al de las revistas de skate y surf: fotografías de gran impacto, crónicas de viajes, perfiles de riders y una mezcla constante de deporte, cultura y estética urbana.

Los X Games y la cultura mainstream

Cuando los X Games de ESPN convirtieron el BMX Freestyle en un deporte televisivo de primer nivel a partir de 1995, la cultura BMX se enfrentó a la misma tensión que el skateboard: ¿cómo mantener la autenticidad contracultural cuando el deporte se convierte en entretenimiento de masas y los mejores riders son estrellas millonarias?

La respuesta del BMX fue más pragmática que la del skate: la mayoría de los riders de élite abrazaron la profesionalización y los grandes contratos de patrocinio sin sentirlo como una traición. La razón es que el BMX Racing ya tenía una larga tradición de competición organizada, lo que hacía al conjunto de la comunidad más receptiva a la institucionalización que la comunidad skater, históricamente más refractaria.

El olimpismo y el futuro

La llegada del BMX Freestyle Park a los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 representó el punto de mayor institucionalización en la historia del freestyle. Para una parte de la comunidad, fue una celebración: el reconocimiento definitivo de décadas de desarrollo artístico y técnico. Para otra parte, fue una fuente de ambivalencia: los Juegos suponen inevitablemente la codificación de un deporte que siempre valoró la libertad de expresión sobre las reglas.

La tensión entre la autenticidad cultural y la institucionalización deportiva sigue siendo uno de los debates más interesantes del BMX Freestyle. Y probablemente seguirá siéndolo durante mucho tiempo, porque esa tensión es parte de lo que hace al BMX un deporte tan fascinante y tan vivo.

Preguntas frecuentes

¿Qué relación tiene el BMX con el skateboard?
El BMX Freestyle y el skateboard se desarrollaron en paralelo y en los mismos entornos: las calles, los skateparks y los halfpipes de California en los años 70 y 80. Comparten el mismo vocabulario de trucos (muchos nombres de trucos del BMX son idénticos a los del skate), la misma cultura DIY y la misma actitud de resistencia a las normas convencionales del deporte institucional.
¿Se puede hacer BMX en un skatepark?
Sí, muchos skateparks están diseñados para ser usados tanto por skaters como por riders de BMX. Sin embargo, en algunos skateparks el BMX no está permitido porque los pegs metálicos de las bicicletas pueden dañar las superficies de madera o las copings. En los parks de hormigón la convivencia suele ser más habitual.
¿Por qué el BMX Freestyle no se ha institucionalizado tanto como el racing?
El BMX Freestyle nació en un contexto de contracultura urbana que valoraba la expresión individual y desconfiaba de las estructuras institucionales. Durante décadas, la comunidad de freestyle prefirió los eventos independientes y los X Games a las federaciones nacionales. La llegada de los Juegos Olímpicos ha cambiado parte de esta dinámica, pero la identidad contracultural del freestyle sigue presente.

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