La primera evidencia: Egipto, 3.200 a.C.
La historia del bowling comienza miles de años antes de los modernos centros con pistas iluminadas de neón. En 1930, el arqueólogo británico Sir Flinders Petrie descubrió en la tumba de un niño egipcio, en Nagada, una colección de objetos de piedra que identificó como los componentes de un primitivo juego de bolos. La datación de la tumba situó estos objetos alrededor del 3.200 a.C., hace más de cinco mil años.
Los objetos consistían en nueve pequeñas piedras cónicas dispuestas como dianas y una bola de mármol para lanzarlas. El paralelismo con los juegos de bolos modernos es evidente, aunque naturalmente los detalles de las reglas y la forma de jugar son desconocidos.
Esta no es la única evidencia egipcia: existen pinturas y bajorrelieves en templos y tumbas que muestran figuras humanas participando en juegos que parecen implicar lanzar objetos hacia dianas de pie. Algunos historiadores del deporte consideran que el bowling es, después del atletismo y la lucha libre, uno de los deportes más antiguos de la humanidad.
El ula maika polinesio
En un rincón completamente distinto del mundo, la Polinesia, existía un juego llamado ula maika que sorprendentemente guarda grandes similitudes con el bowling moderno. Los jugadores lanzaban discos de piedra planos hacia estacas clavadas en el suelo a distancias de entre 20 y 40 metros, intentando derribarlas con precisión.
El ula maika tenía reglas elaboradas y era considerado tanto un pasatiempo como una competición seria. Lo más llamativo es que sus dimensiones y mecánicas anticipan en muchos aspectos el bowling moderno: la distancia de lanzamiento, el objetivo de derribar las dianas y la idea de la competición entre jugadores son elementos comunes.
Los kegels medievales en Europa
En la Europa medieval, juegos similares al bowling eran extraordinariamente populares en todas las clases sociales. En Alemania y países de habla germánica, el juego se llamaba kegeln (de ahí el nombre de “kegel” que se usa todavía hoy para designar el juego de bolos en Alemania). Los jugadores lanzaban una bola de madera o piedra hacia pinos de madera llamados “kegels”.
El historiador alemán William Pehle argumentó en 1927 que el juego de bolos alemán data al menos del siglo III d.C., cuando los monjes lo usaban con un propósito sorprendente: probar la virtud. Los fieles debían lanzar una bola contra un kegel que representaba al diablo o a los vicios; si derribaban el kegel, demostraban su fe y su bondad. Si fallaban, debían rezar más.
Con el tiempo, el juego perdió su dimensión religiosa y se convirtió en un pasatiempo popular en ferias, tabernas y espacios públicos. Para el siglo XIV, el kegel era ya uno de los juegos más practicados en toda Europa central.
La expansión por Europa y la prohibición inglesa
El juego de bolos fue tan popular en la Inglaterra medieval que el rey Eduardo III lo prohibió en 1366 porque sus soldados lo preferían al tiro con arco, fundamental para la defensa del reino. Esta prohibición no fue única: varios monarcas ingleses posteriores repitieron la interdicción por el mismo motivo, lo que paradójicamente demuestra lo arraigado que estaba el juego.
En los Países Bajos, el juego se llamaba kolf y se practicaba tanto en tierra como sobre el hielo en invierno. Cuando los colonos holandeses emigraron a Norteamérica en el siglo XVII, llevaron con ellos el kolf y sus variantes, plantando la semilla del bowling americano.
La llegada a América
Los primeros registros de bowling en el continente americano corresponden a los colonos holandeses en la colonia de Nueva Ámsterdam (la actual Nueva York). En 1626, los holandeses ya practicaban su versión del juego en lo que hoy sería Bowling Green, un pequeño parque en el extremo sur de Manhattan cuyo nombre recuerda esa historia. La primera mención literaria del bowling en América aparece en el cuento “Rip Van Winkle” de Washington Irving, publicado en 1819, donde los personajes juegan a los bolos en las montañas Catskill.
El juego que practicaban los colonos europeos en América era principalmente el nine-pin, con nueve pinos en formación de diamante. Su popularidad fue tal que rápidamente se asoció con las apuestas, y en 1841 el estado de Connecticut lo prohibió por ese motivo. La leyenda —no completamente confirmada históricamente— dice que los jugadores añadieron un décimo pino para sortear la prohibición legal, creando así accidentalmente el ten-pin bowling.