La capoeira pasó casi medio siglo en la ilegalidad en el país que la vio nacer. Desde la proclamación de la República brasileña en 1889 hasta los años 1930, ser capoeirista en Brasil podía significar la cárcel, los azotes o el destierro. Esta persecución no eliminó la capoeira —al contrario, la endureció y la convirtió en un símbolo de resistencia—, pero sí marcó profundamente su desarrollo y su cultura.
El Código Penal de 1890: la capoeira como crimen
Un año después de la abolición de la esclavitud (1888) y de la proclamación de la República (1889), el nuevo estado brasileño aprobó el Código Penal de 1890. El artículo 402 de este código criminalizó explícitamente la capoeira: “Fazer nas ruas e praças públicas exercícios de agilidade e destreza corporal conhecidos pela denominação capoeiragem” (practicar en las calles y plazas públicas ejercicios de agilidad y destreza corporal conocidos como capoeiragem) era un delito castigado con dos a seis meses de arresto. Los reincidentes podían ser enviados a colonias penales, y los líderes de grupos podían ser deportados.
La criminalización se enmarcaba en el proyecto de modernización de la reciente república, que aspiraba a convertir Brasil en un país “blanco” y “civilizado” a los ojos de Europa. Todo lo que recordara a la esclavitud africana —el candomblé, la capoeira, el idioma yoruba— era visto como un obstáculo para ese proyecto. La represión fue especialmente intensa en Río de Janeiro y Salvador de Bahía, donde la capoeira era más visible.
La persecución y los capoeiristas en la clandestinidad
La ilegalización no eliminó la capoeira, sino que la empujó a la clandestinidad. Las rodas se hacían en patios privados, en los terreiros de candomblé —donde la policía entraba con menos frecuencia—, y con vigías apostados para avisar de la llegada de la autoridad. El toque del berimbau conocido como cavalaria —una secuencia rítmica específica— servía precisamente como señal de alarma cuando la policía se aproximaba: al oírlo, todos fingían que simplemente bailaban o participaban en una fiesta.
Esta necesidad de camuflaje y disimulo reforzó algunas de las características más definitorias de la capoeira: la mandinga, el engaño, la capacidad de parecer inofensivo mientras se es peligroso. La capoeira aprendió a esconderse durante décadas de represión, y esa habilidad para el disimulo quedó inscrita en su técnica y su filosofía.
Mestre Bimba y la lucha por la legalización
El cambio llegó gracias a la acción de Manoel dos Reis Machado, conocido como Mestre Bimba, el fundador de la Capoeira Regional. Bimba entendió que para sobrevivir y expandirse, la capoeira tenía que ser aceptada por la sociedad dominante. Con este objetivo, sistematizó la enseñanza, dio a la capoeira un formato pedagógico reconocible para las instituciones, la presentó ante las autoridades como un “método de lucha nacional brasileño” y consiguió que fuera vista como un elemento de la identidad nacional en lugar de como una amenaza al orden.
En 1937, Bimba obtuvo del gobierno del estado de Bahía el registro oficial del Centro de Cultura Física Regional, la primera academia de capoeira legalmente reconocida en Brasil. La estrategia fue brillante: en el contexto del Estado Novo de Getúlio Vargas, que promovía el nacionalismo cultural, Bimba presentó la capoeira como parte del patrimonio cultural brasileño. El propio Vargas llegó a ver una demostración de capoeira y quedó impresionado, lo que contribuyó decisivamente a cambiar la imagen pública del arte.
La capoeira después de la legalización
La legalización de 1937 no significó la eliminación inmediata de la discriminación y el prejuicio. La capoeira siguió siendo vista con suspicacia por amplios sectores de la sociedad brasileña durante décadas. Sin embargo, la apertura de academias legales permitió la expansión de la práctica más allá de la comunidad negra y de las clases populares, alcanzando a estudiantes, universitarios y, eventualmente, a la clase media y a los extranjeros. Este proceso de difusión masiva transformó la capoeira de práctica clandestina de resistencia en uno de los productos culturales más reconocibles del Brasil contemporáneo.