La capoeira moderna existe tal como la conocemos gracias a dos hombres que, en la primera mitad del siglo XX, tomaron caminos opuestos pero igualmente esenciales: Manoel dos Reis Machado (Mestre Bimba), que la modernizó y legalizó, y Vicente Ferreira Pastinha (Mestre Pastinha), que la preservó en su forma más tradicional. Su legado divide la capoeira en dos grandes ramas —Regional y Angola— que conviven, se debaten y se enriquecen mutuamente hasta hoy.
Mestre Bimba: el renovador
Manoel dos Reis Machado nació en Salvador de Bahía en 1899. Aprendió capoeira siendo niño y pronto demostró un talento excepcional. Insatisfecho con lo que veía como el deterioro técnico de la capoeira de su tiempo —que consideraba demasiado “folclórica” y poco efectiva en el combate real—, desarrolló en los años 1920 y 1930 un nuevo sistema que llamó Luta Regional Baiana y que después se conocería como Capoeira Regional.
La Regional incorporó elementos de otras artes marciales que Bimba había estudiado, especialmente el batuque (arte marcial afrobrasileña de su familia) y algunas técnicas de lucha libre. Sistematizó la enseñanza con un currículo progresivo: las oito sequências (ocho secuencias pedagógicas) que permitían enseñar la capoeira de manera ordenada. También introdujo el primer sistema de cordas y abrió la primera academia legalmente registrada en Brasil en 1937.
La relación de Bimba con el gobierno de Vargas fue estratégica y brillante: presentó la capoeira como arte marcial nacional brasileño, la promovió entre soldados y estudiantes universitarios, y consiguió que el Estado Novo viera en ella un activo cultural en lugar de una amenaza. Murió en 1974 en Goiânia, en condiciones de extrema pobreza y amargura, habiendo dado a la capoeira la vida mientras la capoeira no había podido devolverle la prosperidad que merecía.
Mestre Pastinha: el guardián
Vicente Ferreira Pastinha nació en Salvador en 1889. Aprendió capoeira de niño de un africano llamado Benedito y practicó durante décadas sin particular reconocimiento público. Su momento llegó en los años 1940 y 1950, cuando un grupo de mestres angoleiros le pidió que abriera una academia donde se preservara la capoeira en su forma original, sin las modificaciones de Bimba.
Pastinha abrió el Centro Esportivo de Capoeira Angola en Salvador en 1941 y dedicó el resto de su vida a preservar, enseñar y difundir la Capoeira Angola. A diferencia de Bimba, Pastinha era también un filósofo: escribió un pequeño libro —“Capoeira Angola”— y dejó frases que se convirtieron en aforismos de la comunidad capoeirista. Su visión de la Angola era holística: música, filosofía, historia y técnica como un todo indivisible.
Su vida personal fue igualmente trágica que la de Bimba: en sus últimos años fue desalojado de su academia, quedó ciego y murió en 1981 en condiciones de miseria, olvidado por las instituciones que debían haberle reconocido. Hoy ambos mestres son reverenciados como los padres de la capoeira moderna, y sus fotografías aparecen en las paredes de académias de capoeira en todo el mundo.
El legado de los dos caminos
La división entre Angola y Regional no fue, en su inicio, hostil. Bimba y Pastinha se respetaban mutuamente, aunque representaban visiones diferentes sobre qué debía ser la capoeira. Con el tiempo, la polarización entre seguidores de una y otra escuela se intensificó, generando debates apasionados sobre autenticidad, tradición, modernización y pureza que continúan hasta hoy.
Lo que nadie discute es que sin Bimba no habría capoeira globalizada: fue él quien la sacó de la clandestinidad y le dio las herramientas pedagógicas y la legitimidad social para expandirse. Y sin Pastinha, la capoeira podría haber perdido sus raíces africanas en el proceso de modernización. La capoeira del siglo XXI, con sus millones de practicantes en 150 países, es hija de ambos.