Hay clases de barcos que definen una era. El Tornado fue eso para el catamarán de regata: desde su debut olímpico en Kiel 1972 hasta su última aparición en Pekín 2008, fue la referencia absoluta de la vela multicasco. Rápido, exigente, equilibrado, el Tornado educó a generaciones de regatistas que más tarde llenarían las parrillas del Nacra 17 y los puentes de los barcos de la Copa América.
El diseño que lo cambió todo
El Tornado fue diseñado por el británico Rodney March en los años sesenta, con la intención de crear un catamarán de regata que combinara alta velocidad con buena manejabilidad. El diseño resultante era elegante en su simplicidad: dos cascos estrechos y ligeros conectados por una viga rígida, con una red trampolín como plataforma de trabajo, un mástil alto con mayor completamente calada y un spinnaker simétrico para los portantes.
Con 6,10 metros de eslora y 3,05 metros de manga, el Tornado pesaba aproximadamente 140 kg en orden de marcha. Su aparejo —un área vélica de 21,8 m² entre mayor y foque, más el spinnaker de 15 m²— era muy potente para ese peso. El barco podía alcanzar velocidades superiores a 25 nudos en condiciones favorables, lo que era extraordinario para la época.
El Tornado fue seleccionado como clase olímpica por el IYRU (el precursor de World Sailing) en 1968, y debutó en los Juegos de Múnich-Kiel en 1972. Fue el primer catamarán en la historia de las regatas olímpicas.
Los campeones del Tornado
La historia del Tornado está protagonizada por un puñado de países que dominaron la clase durante décadas:
Gran Bretaña fue la primera potencia del Tornado olímpico. Reg White y John Osborn ganaron el oro en Moscú 1980, en unos Juegos boicoteados por muchas naciones occidentales pero que mantuvieron sus resultados históricos. White era considerado el mejor regatista de catamarán de su generación, con una habilidad técnica extraordinaria para extraer el máximo rendimiento del barco.
Australia también tuvo una presencia constante en los podios del Tornado. Los australianos se adaptaron especialmente bien a la clase por su tradición de vela en aguas abiertas y vientos fuertes.
Francia con Yves Loday y Nicolas Henard ganó el oro en Barcelona 1992, en unas regatas disputadas en Burriana (Castellón), lo que dio al Tornado uno de sus vínculos con España. Las regatas olímpicas de Barcelona visitaron las costas valencianas con condiciones de viento mediterráneo que favorecieron a los equipos más técnicos.
España no ganó medallas olímpicas en Tornado, pero la clase tuvo una comunidad activa en los clubs de la costa mediterránea. Algunos de los mejores regatistas españoles de multicasco aprendieron en Tornado antes de pasar al F18 o al Nacra 17.
El Tornado como laboratorio técnico
Más allá de los resultados olímpicos, el Tornado fue importante como campo de experimentación para la técnica de la vela multicasco. Sus regatistas desarrollaron técnicas de navegación —gestión del spinnaker a alta velocidad, trasluches a 20 nudos, salidas agresivas— que después se aplicaron en otras clases.
La comunidad del Tornado también desarrolló refinamientos técnicos en el aparejo. Aunque el barco era one-design en sus elementos fundamentales, el reglamento permitía ajustes en la tensión del aparejo, la posición del mástil y el tuning de los foils (las orzas rectas, no los foils de sustentación que aparecerían décadas después). Los mejores equipos invertían mucho tiempo en encontrar el tuning óptimo para diferentes condiciones de viento.
La controversia de la eliminación
La eliminación del Tornado del programa olímpico tras Pekín 2008 fue una de las decisiones más controvertidas de World Sailing en décadas. Se barajaron varias alternativas: convertir el Tornado en clase mixta, introducir una versión foiling, o mantenerlo como clase masculina y añadir una clase femenina separada.
Al final, se optó por el Nacra 17 como clase mixta única, dejando al Tornado sin representación olímpica. Muchos en la comunidad del multicasco consideraron que se perdía la mejor clase de catamarán de regata jamás diseñada, en favor de un concepto más nuevo y mediático (la mixidad, el foiling) pero sin el equilibrio atemporal del Tornado.
El legado
El Tornado sigue siendo el barco de referencia para quienes practican la vela multicasco con criterio histórico. Su influencia técnica es visible en todos los catamaranes de regata que vinieron después: el concepto de plataforma con trampolín, el aparejo con mayor calada, el spinnaker simétrico de alta eficiencia. Sin el Tornado, el Nacra 17 y los AC72 no serían como son.
Los viejos Tornados siguen navegando en muchos clubs del mundo, cuidados por regatistas que aprecian su equilibrio único entre velocidad y manejabilidad. Para quienes los conocen, es difícil imaginar un catamarán más puro.