La Copa América ha experimentado transformaciones radicales a lo largo de su historia de más de 170 años, pero ninguna tan dramática como el paso a los catamaranes de ala rígida en la segunda década del siglo XXI. Entre 2013 y 2017, la Copa fue una competición de multicascos que redefinió lo posible en la vela de competición y estableció el modelo de lo que hoy es el deporte de la vela de alta velocidad.
Los antecedentes: el Alinghi AC33
La transición hacia los multicascos tuvo su preludio en el AC33 de 2010. Cuando el Tribunal Supremo de Nueva York determinó que el Challenger of Record legítimo era el Club Náutico de España (en nombre del equipo Desafío Español), y Alinghi como Defensor no pudo acordar con él un protocolo razonable, se celebró una Copa en un formato de “deed of gift match”: dos barcos radicalmente diferentes compitiendo bajo reglas mínimas.
Alinghi eligió un catamarán gigante de 90 pies; BMW Oracle Racing, representando al Golden Gate Yacht Club (y financiado por Larry Ellison), construyó un trimarán de 90 pies con ala rígida. BMW Oracle ganó fácilmente las dos regatas, demostrando que el ala rígida generaba una ventaja aerodinámica devastadora sobre las velas de tela convencionales.
Este resultado forzó la conversación sobre los multicascos y las velas de ala para el siguiente ciclo.
El AC34: San Francisco 2013 con los AC72
Para el AC34, con Oracle Team USA como Defensor, se acordaron los AC72: catamaranes de 72 pies (22 metros) de eslora con ala rígida de 40 metros de altura. Eran los barcos de regata más rápidos y peligrosos que se habían construido. En condiciones de viento fuerte en la bahía de San Francisco, podían superar los 44 nudos.
La bahía de San Francisco es un escenario espectacular para la Copa América: el viento del Pacífico entra por el Golden Gate con fuerza y consistencia, las aguas son frías y cristalinas, y el skyline de la ciudad forma un telón de fondo único. La Copa del pueblo —como la llamaron por primera vez por la accesibilidad del espectáculo desde tierra— fue un éxito de público.
La tragedia de Artemis Racing
Antes de que comenzara la competición oficial, la Copa vivió su momento más oscuro. En mayo de 2013, el AC72 de Artemis Racing volcó durante un entrenamiento en la bahía. El casco quedó atrapado sobre los tripulantes, y el regatista sueco Andrew Simpson —campeón olímpico en Star en 2008— no pudo escapar y murió ahogado. La comunidad de la vela estuvo en shock.
Como respuesta, se introdujeron modificaciones de seguridad: límites de inclinación de los foils para reducir el riesgo de vuelco, protocolo de seguridad mejorado, y cambios en los procedimientos de emergencia. Artemis Racing, con el barco dañado, tuvo que rediseñar y reconstruir para llegar a la Copa propiamente dicha.
La Copa: la remontada que definió una era
La competición oficial entre Oracle Team USA y Emirates Team New Zealand comenzó con ETNZ dominando de forma casi aplastante. El equipo neozelandés había llegado a San Francisco con mejoras técnicas secretas —un sistema de pedales para acticar los foils con las piernas en lugar de las manos, liberando los brazos para otras operaciones— que daban al barco una eficiencia superior.
Oracle llegó al 8-1 en su contra (la Copa se gana a 9 puntos). Necesitaban 8 victorias consecutivas para ganar; New Zealand solo necesitaba una más. En ese momento se produjo una de las mayores remontadas en la historia del deporte: Oracle ganó nueve regatas seguidas, cerrando la serie 9-8.
La clave de la remontada fue técnica y táctica. Oracle incorporó a Ben Ainslie como táctico en el equipo, sustituyendo al anterior. Ainslie, el mejor regatista monohull del mundo, aportó una lectura táctica que transformó las decisiones del equipo en el agua. Al mismo tiempo, Oracle introdujo mejoras técnicas en el barco que aumentaron su velocidad en condiciones específicas de la bahía.
El AC35: Bermudas 2017 con los AC50
Para el AC35, el Defensor Oracle Team USA y los challengers acordaron barcos más pequeños: los AC50, catamaranes de 50 pies (15 metros) con ala rígida. El cambio a barcos más pequeños y manejables era una respuesta a las críticas sobre la peligrosidad de los AC72 y los costes enormes de construcción.
Las regatas se trasladaron a Bermudas, en el Atlántico Norte, donde las condiciones son más predecibles y menos peligrosas que en la bahía de San Francisco. El gran sound de Bermudas, con su agua turquesa y el fondo de arena blanca visible desde los barcos, creó un escenario televisivamente espectacular.
Emirates Team New Zealand llegó a Bermudas con un barco revolucionario: por primera vez, usaban pedales para activar los sistemas hidráulicos del barco (los foils y el ala) en lugar de palancas de mano. Esto liberaba la parte superior del cuerpo de los tripulantes para manejar las velas con más eficacia y permitía a ciclistas de élite —con piernas más potentes que los marineros tradicionales— generar más energía hidráulica.
Con este barco, ETNZ dominó completamente: ganó la Copa por 7-1 ante Oracle. Peter Burling, a sus 26 años, se convirtió en el patrón más joven en ganar la Copa América en la historia del evento.
El regreso a los monohullos: AC36 y AC37
Con Nueva Zelanda como Defensor, llegó el turno de elegir el siguiente barco. La elección fue los AC75: técnicamente monohullos (un solo casco) pero con foils articulados que les permiten volar. La decisión de volver a los monohullos fue controversial, pero el AC75 demostró ser capaz de alcanzar velocidades similares a los AC50, manteniendo el espectáculo visual del foiling.
Las ediciones de Auckland 2021 y Barcelona 2024 confirmaron que el foiling había llegado para quedarse en la Copa América, independientemente del número de cascos. El legado de los AC72 y AC50 vive en cada AC75 que vuela sobre el agua en la Gran Regata.