La idea de levantar un barco del agua usando aletas hidrodinámicas tiene más de un siglo, pero durante décadas fue una curiosidad experimental reservada a embarcaciones de motor. La historia de los foils en los catamaranes de vela es la historia de cómo una tecnología marginal y considerada excéntrica se convirtió, en poco más de dos décadas, en el elemento definitorio de la vela de alta competición.
Los primeros experimentos: Icarus y la vela con foils
Las primeras embarcaciones de vela con foils fueron experimentos individuales de ingenieros y regatistas visionarios. En los años cincuenta, el ingeniero norteamericano Tom Perkins y otros pioneros experimentaron con foils en pequeñas embarcaciones, con resultados prometedores pero no aplicados a la regata competitiva.
En los años ochenta y noventa, aparecieron varios proyectos más serios. El “Icarus” es el nombre que se asocia a los primeros experimentos sistemáticos con foils en catamaranes de regata. Aunque los resultados eran espectaculares cuando las condiciones eran perfectas, la estabilidad del foiling en aguas reales con viento variable era muy difícil de lograr con la tecnología de la época.
El principal problema era el control del ride height: la altura a la que vuela el barco sobre el agua. Sin sistemas electrónicos de control (prohibidos en vela de regata), mantener esa altura constante requería un nivel de habilidad que muy pocos regatistas podían alcanzar.
El Hydroptère: el laboratorio del foiling moderno
El Hydroptère fue el proyecto que demostró definitivamente el potencial del foiling en vela. Diseñado por el francés Alain Thébault y construido a partir de los años noventa, el Hydroptère era un trimarán —tres cascos— con foils en los cascos laterales (amas) que le permitían levantarse completamente del agua.
El desarrollo del Hydroptère fue un proceso largo y lleno de accidentes. El barco volcó múltiples veces durante las pruebas, y la estructura fue completamente rediseñada varias veces para mejorar la estabilidad. Pero en 2009, en un histórico intento de récord de velocidad en el Mediterráneo, el Hydroptère alcanzó 51,36 nudos (95 km/h) en una pasada cronometrada de 500 metros. Era el barco de vela más rápido del mundo en ese momento.
El legado del Hydroptère fue técnico y psicológico: demostró que los foils en vela no eran un sueño inalcanzable sino una tecnología funcional, y que las velocidades de 50+ nudos eran posibles sin motor. Esta demostración inspiró a los equipos de la Copa América a investigar seriamente los foils para sus barcos.
Los foils en la Copa América: la revolución del AC72
Cuando se diseñaron los AC72 para el AC34 de San Francisco 2013, el protocolo permitía usar foils en los daggerboards (orzas), pero inicialmente se esperaba que los barcos navegaran principalmente en desplazamiento con las orzas convencionales. Lo que ocurrió fue completamente diferente.
Oracle Team USA comenzó a experimentar con daggerboards en forma de L que generaban sustentación vertical. A mediados del desarrollo, consiguieron que el barco se elevara parcialmente del agua. La revelación fue que en foiling parcial o total, el barco era drasticamente más rápido que en desplazamiento.
La carrera tecnológica que siguió fue frenética: ETNZ desarrolló su propio sistema de foils, con un innovador sistema de control usando pedales. Ambos equipos llegaron al AC34 con barcos capaces de volar completamente, lo que ninguno había anticipado cuando se diseñaron las reglas del AC72.
El AC34 fue la primera Copa América donde los barcos navegaron en foiling a velocidades superiores a 40 nudos. El espectáculo transformó la Copa de un evento para aficionados a la vela en un fenómeno mediático global.
Los AC50 y la maduración del foiling
El AC35 en Bermudas 2017 utilizó los AC50, catamaranes más pequeños y manejables. Para entonces, el foiling ya era una expectativa: todos los barcos debían poder volar. La tecnología de los foils había evolucionado significativamente desde los AC72: los sistemas eran más fiables, el control del ride height más preciso, y las velocidades máximas se habían incrementado aún más.
En el AC35, los AC50 alcanzaron velocidades de 50+ nudos regularmente. Emirates Team New Zealand dominó gracias en parte a su sistema de pedales para la hidráulica, que daba más potencia al sistema de control de los foils.
El foiling olímpico: el Nacra 17
Mientras la Copa América experimentaba con foils en barcos de millones de euros, World Sailing miraba con interés la tecnología y evaluaba si podía llevarse al programa olímpico de forma accesible y segura.
El proceso fue largo. La adopción de foils en el Nacra 17 fue aprobada en 2018, tras un periodo de pruebas intensivo. Los desafíos técnicos específicos del foiling olímpico eran diferentes a los de la Copa América:
- El barco debía funcionar bien para tripulaciones de muy diferente peso (120-178 kg combinados)
- Los foils debían ser accesibles económicamente (no podían costar cientos de miles de euros)
- El sistema de control debía ser manejable sin sistemas electrónicos prohibidos
- La seguridad debía ser compatible con un entorno de regata con muchos barcos juntos
Los C-foils aprobados para el Nacra 17 resolvieron estos problemas de forma elegante. Son foils de compromiso: no tan agresivos como los de la Copa América, pero que permiten volar consistentemente en vientos de 10+ nudos con prácticamente cualquier combinación de peso dentro del rango reglamentario.
El legado del foiling
La historia del foiling en catamaranes ha seguido un arco desde la experimentación marginal hasta la normalización olímpica en apenas 30 años. Hoy, el foiling está presente en los Juegos Olímpicos, en la Copa América, en el GC32 Circuit y en múltiples clases en desarrollo. La pregunta ya no es si los foils son el futuro de la vela de competición, sino qué clases adoptarán la tecnología a continuación.