Una bicicleta es, en esencia, metal, ruedas y pedales. Pero en las manos correctas, con el entorno adecuado y una buena dosis de ingeniería, ese artefacto puede alcanzar velocidades que dejarían atrás a la mayoría de los coches de calle. Lo que Denise Mueller-Korenek hizo en septiembre de 2018 pertenece a esa categoría de hazañas que hay que leer dos veces para creerlas.
El lago de sal y la idea de ir más rápido que nadie
El lago salado de Bonneville, en el estado de Utah, es uno de esos lugares que el deporte de los récords ha convertido en territorio sagrado. La superficie plana, dura y perfectamente lisa de la antigua extensión del lago Bonneville ofrece kilómetros de pista natural donde la única limitación es la física del vehículo y el valor del piloto.
Allí, el 16 de septiembre de 2018, Denise Mueller-Korenek estableció el récord absoluto de velocidad sobre una bicicleta: 295,6 km/h. Más rápido que un Porsche 911 a máxima potencia en carretera. Más rápido que cualquier ciclista en la historia documentada del deporte.
La bicicleta que hizo posible lo imposible
No se consigue ese tipo de velocidad con una bicicleta convencional. La máquina de Mueller-Korenek era un prototipo con un engranaje específicamente calculado para esa velocidad: una relación de transmisión tan extrema que a velocidad crucero las piernas giraban a una cadencia imposible de mantener más de unos pocos segundos. El cuadro era de carbono ultrarrígido, las ruedas eran de diseño aerodinámico y los neumáticos estaban inflados a presiones altísimas para reducir la deformación en contacto con la sal.
Lo más curioso es el papel del vehículo delantero. Un dragster modificado abre camino y crea una burbuja de baja presión aerodinámica en la que se introduce Mueller-Korenek. Sin ese resguardo del viento, el esfuerzo necesario para moverse a 295 km/h sobre una bicicleta sería simplemente imposible para un cuerpo humano.
Los hombres que fueron primero
Mueller-Korenek no fue la primera en intentarlo. El americano Fred Rompelberg había establecido en 1995 el récord anterior con 268,8 km/h, también en Bonneville y también con un vehículo delantero. Rompelberg tenía 50 años cuando lo consiguió, lo que convierte su hazaña en otro dato difícil de creer.
Antes que Rompelberg, un ciclista llamado John Howard había alcanzado 245 km/h en 1985. Y si retrocedemos más, el primer intento documentado de batir la velocidad humana sobre dos ruedas con asistencia aerodinámica data de los años 20 del siglo XX, cuando los ciclistas se colocaban detrás de motocicletas en velódromos.
Lo que siente el cuerpo a casi 300 km/h
Mueller-Korenek explicó en entrevistas posteriores que la sensación durante el intento es completamente disociada de lo que uno imagina. No se siente el viento directamente, porque el dragster delantero lo absorbe casi por completo. Lo que sí se siente es la vibración del asfalto de sal a través del cuadro y la sensación de que los pedales giran solos, arrastrados por la inercia de la velocidad.
La parte más peligrosa no es alcanzar la velocidad máxima sino frenar. A 295 km/h, los sistemas de frenado convencionales son insuficientes. El protocolo incluye soltar la bicicleta del resguardo del vehículo delantero para que la resistencia del viento vaya reduciendo la velocidad gradualmente antes de aplicar los frenos. Un error en ese momento podría ser fatal.