En el ciclismo hay pruebas de montaña, sprints, clásicas de adoquines y contrarrelojes en carretera. Pero existe una prueba que todos los grandes campeones consideran la más honesta y la más cruel: el récord de la hora. Un ciclista, un velódromo, una bicicleta y sesenta minutos. Sin rivales. Sin excusas.
La historia de una obsesión centenaria
El récord de la hora tiene sus raíces en el siglo XIX. En 1893, Henri Desgrange, el mismo hombre que fundaría el Tour de Francia diez años después, estableció el primer récord reconocido: 35,325 kilómetros en una hora. La cifra parece modesta, pero hay que recordar que se hizo sobre una bicicleta de la época, con carretera y neumáticos de la época.
Desde entonces, los mejores ciclistas de cada generación han intentado dejar su nombre en ese registro. Fausto Coppi lo batió en 1942. Jacques Anquetil lo intentó en 1967. Eddy Merckx estableció en 1972 una marca de 49,431 km que aguantó durante años y que, según el propio Merckx, fue el esfuerzo más duro de su vida. “Nunca he sufrido tanto”, declaró el que muchos consideran el mejor ciclista de la historia.
La crisis de los materiales y las marcas borradas
En los años 90, el récord entró en una crisis de identidad. Con la evolución de los materiales —cuadros de carbono, posiciones aerodinámicas extremas, manillares especiales— los récords se dispararon de forma que la UCI consideró que ya no eran comparables con los históricos.
En 1997, la UCI dividió el récord en dos categorías: el de la “hora del mejor esfuerzo humano”, que permitía todo tipo de innovaciones aerodinámicas, y el récord puro, que exigía una bicicleta similar a la que usó Merckx en 1972. Eso llevó al surrealismo de que Merckx seguía siendo el récord en una categoría mientras Chris Boardman superaba los 56 km en la otra.
En 2014 la UCI unificó las reglas de nuevo, y desde entonces el récord válido exige una bicicleta de pista convencional pero sin las restricciones más estrictas de la era Merckx.
El sufrimiento que nadie quiere repetir
Los ciclistas que han intentado el récord de la hora describen la experiencia de forma casi idéntica: los primeros veinte minutos son llevaderos, los siguientes veinte son duros, y los últimos veinte son una negociación constante entre el cuerpo que pide parar y la mente que no puede permitírselo.
El campeón del Tour Miguel Induráin lo intentó en 1994 y estableció el récord con 53,040 km. Dijo después que no quería volver a hacerlo. Jens Voigt, a los 43 años, lo intentó en 2014 como despedida del ciclismo profesional. Lo consiguió con 51,115 km y declaró que había sido lo más duro de su carrera, más que cualquier etapa de montaña.
Por qué los números son tan difíciles de mejorar
A diferencia de otras pruebas, en el récord de la hora no hay estrategia posible. El ciclista debe encontrar desde el primer minuto la potencia exacta que puede mantener durante toda la hora, sin pasarse (porque el cuerpo pagará la deuda en los últimos minutos) y sin quedarse corto. Es un cálculo fisiológico casi matemático donde el margen de error es mínimo.
El récord actual de Campenaerts, 55,089 km, implica mantener una velocidad media de casi 55 km/h durante una hora entera. Una velocidad que la mayoría de los ciclistas aficionados no sostienen ni cinco minutos.