Hay puertos de montaña y hay el Alpe d’Huez. La diferencia no es solo de categoría ciclista, sino de dimensión cultural. Desde que Fausto Coppi llegó primero a la estación alpina en 1952, este ascenso ha sido el escenario de las escenas más dramáticas, épicas y heroicas de la historia del Tour de France.
Las 21 curvas que todo ciclista sueña con superar
El Alpe d’Huez comienza en Bourg d’Oisans, a 720 metros de altitud, y asciende hasta la estación de esquí a 1.860 metros. En total, son 13,8 kilómetros con un desnivel de 1.071 metros y una pendiente media del 7,9%, aunque algunos tramos superan el 12%. La característica más icónica son las 21 curvas numeradas en sentido descendente, desde la número 21 en el inicio hasta la número 1 al llegar a la cima. Cada curva lleva el nombre de un ganador histórico de la etapa.
Además de su perfil exigente, el Alpe d’Huez es famoso por la marea humana que lo invade cada vez que el Tour lo incluye en el recorrido. Cientos de miles de aficionados, muchos de ellos acampados días antes en las cunetas, crean un ambiente de festival que los ciclistas describen como una experiencia única en el mundo del deporte.
El récord de Marco Pantani
El 5 de junio de 1997, Marco Pantani estableció el récord de ascenso que sigue vigente: 36 minutos y 50 segundos, a una velocidad media de 22,5 km/h. El «Pirata» llegó en solitario al final de la etapa, después de atacar repetidamente a sus rivales en los tramos más empinados. Pantani tenía una capacidad de aceleración en rampa que ningún otro ciclista ha igualado en la historia de la prueba.
Su récord es objeto de cierta controversia dentro del mundo ciclista, ya que la era de los 90 estuvo marcada por el dopaje sistémico en el pelotón. Sin embargo, la marca sigue siendo reconocida oficialmente por el Tour de France y permanece en los libros de récords.
Otros ascensos memorables
Más allá del récord absoluto, el Alpe d’Huez ha sido escenario de actuaciones extraordinarias a lo largo de las décadas. Bernard Hinault y Greg LeMond llegaron de la mano en 1986, en uno de los momentos más fotografiados de la historia ciclista. Lance Armstrong realizó subidas dominantes en 2001 y 2004 (posteriormente anuladas). Carlos Sastre fue el más rápido en 2008 en la edición en la que ganó el Tour.
En los últimos años, Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard han protagonizado duelos épicos en la mítica ascensión, aunque sin superar los tiempos de los años 90.
El simbolismo de las curvas numeradas
Cada una de las 21 curvas tiene su historia propia. La curva número 7, que lleva el nombre de Pantani desde 1997, recibe siempre una ovación especial. La curva número 1, la última antes de la llegada, es conocida como «la holandesa» porque durante los años 70 y 80 los holandeses Joop Zoetemelk, Hennie Kuiper y otros ganaron el Alpe con tal frecuencia que la afición neerlandesa colonizó literalmente ese tramo de la carretera.
El Alpe d’Huez es, en definitiva, mucho más que un puerto: es el lugar donde los ciclistas se convierten en leyenda.