El ciclocross es una modalidad del ciclismo que combina la técnica de la bicicleta de montaña con la resistencia del ciclismo de carretera, todo ello en circuitos cortos y variados que se disputan principalmente en otoño e invierno. Su reglamento, gestionado por la UCI, tiene características propias que lo diferencian claramente del resto de disciplinas ciclistas.
El formato de competición es por tiempo, no por distancia. En categoría élite masculina el tiempo de carrera es de 60 minutos; en femenina y sub-23, 40 minutos; en junior, entre 30 y 40 minutos. El corredor que va en cabeza al sonar la señal de tiempo completo suma una vuelta más al circuito, y todos los demás deben completar esa misma última vuelta para finalizar la prueba.
El circuito de ciclocross debe reunir una serie de características según el reglamento UCI: longitud de entre 2,5 y 3,5 km por vuelta, superficie variada que incluya hierba, tierra y al menos un tramo pavimentado, obstáculos que obliguen a desmontar y secciones técnicas que pongan a prueba la habilidad de los corredores.
La zona de boxes: una norma exclusiva del ciclocross
El ciclocross es la única disciplina ciclista en la que los corredores pueden cambiar de bicicleta durante la carrera de forma habitual y sin penalización. La zona de boxes —un área designada junto al circuito— permite a los equipos tener mecánicos con bicicletas limpias y preparadas. El corredor puede entrar al box tantas veces como quiera, siempre que entre y salga por los puntos designados.
Equipación y normas técnicas de la bicicleta
Las bicicletas de ciclocross deben cumplir con las normas generales de la UCI para bicicletas de carretera en cuanto a geometría básica. Están permitidas las cubiertas más anchas (hasta 33 mm en la mayoría de competiciones) y los frenos de disco. El cuadro puede ser de cualquier material homologado. Está prohibido el uso de bicicletas eléctricas o con asistencia motora.