El boundary es la frontera del universo del cricket: todo lo que ocurre dentro es juego vivo, y cuando la pelota la cruza el marcador se actualiza automáticamente. Es también uno de los conceptos más simples e inmediatamente emocionantes del deporte para cualquier espectador nuevo, porque el resultado de un buen golpe es instantáneo y cuantificable sin necesidad de seguir jugadas complejas. Los fours y sixes son las anotaciones más espectaculares del cricket y las que generan mayor reacción del público, comparable a los goles en el fútbol o los jonrones en el béisbol.
La dimensión del campo de cricket varía considerablemente de un estadio a otro, lo que hace que el valor relativo de un boundary también varíe. Los campos más pequeños, como algunos de los estadios históricos de Inglaterra, favorecen a los bateadores porque cualquier golpe potente puede llegar al límite. Los campos más amplios, como el Melbourne Cricket Ground en Australia, hacen que conseguir un six requiera un golpe realmente excepcional. Esta variabilidad es una peculiaridad del cricket que no existe en deportes con campos completamente estandarizados.
En el cricket moderno, especialmente en los formatos T20 y ODI, la capacidad de golpear boundaries de forma consistente es la habilidad más valorada en los bateadores de la parte baja del orden. Los estadísticos calculan el porcentaje de carreras obtenidas mediante boundaries frente a las corridas entre wickets, y en el T20 de élite más del 60 por ciento de las carreras suelen provenir de fours y sixes. Esto ha transformado la naturaleza del bateo en los formatos cortos, donde la potencia y la capacidad de «clearing the boundary» son tan importantes como la técnica tradicional.