El innings es el turno de bateo de un equipo y la gran unidad narrativa del cricket como deporte. Todo lo que hace un equipo mientras batea —construir una puntuación, gestionar sus wickets, afrontar las condiciones del campo y el estado de la pelota— ocurre dentro de un innings. En Test cricket, el formato más largo y considerado el más puro del deporte, cada equipo dispone de dos innings, lo que significa que puede remontar un mal primer turno con un segundo turno sólido. Esta estructura de cuatro innings totales es lo que permite que un Test match dure hasta cinco días completos de juego.
En los formatos más cortos, el modelo cambia radicalmente. En los ODI (One Day International) cada equipo dispone de un innings limitado a 50 overs. En el T20 cada innings se limita a 20 overs. Esta compresión cambia la filosofía del bateo: en Test cricket los bateadores pueden tomarse el tiempo que necesiten para consolidarse antes de acelerar, y perder un wicket tiene consecuencias que se arrastran durante días. En T20, cada bateador debe producir desde su primer ball, y la presión sobre la tasa de anotación es constante desde el inicio.
El concepto de innings también define la forma en que se analizan y comparan las actuaciones individuales de los bateadores. Las estadísticas personales de un jugador se expresan por innings: media de carreras por innings, número de centuries, número de ducks. Un bateador que promedia 50 carreras por innings en Test cricket es considerado de clase mundial, y superar los 10.000 runs a lo largo de la carrera —cifra que implica cientos de innings disputados durante años— es uno de los logros más selectos de la historia del deporte.