La no-ball es una infracción del bowler que afecta al flujo del juego de varias formas simultáneas: agrega una carrera extra a la cuenta del equipo bateador, obliga a repetir el lanzamiento como si no hubiera existido, y priva al bowler de la posibilidad de conseguir un wicket en esa entrega. Para un bowler en un momento tenso del partido, cometer una no-ball puede ser tan costoso como conceder un boundary, porque no solo regala una carrera sino que elimina cualquier oportunidad de wicket y añade un ball adicional al over que hay que lanzar en condiciones potencialmente más difíciles.
La regla más frecuentemente infringida, la del pie delantero, convierte al bowling crease en una línea que el bowler debe respetar con milímetros de margen al final de una carrera de varios metros con toda la inercia del cuerpo. Los bowlers rápidos, que generan mayor momentum en su carrera de impulso, son más propensos a pisar la línea porque la inercia los empuja hacia adelante. Muchos trabajan específicamente la posición del pie de aterrizaje en sesiones técnicas para evitar este defecto, porque las no-balls acumuladas a lo largo de una carrera pueden representar docenas de runs regalados.
En los formatos limitados como el T20, donde cada over cuenta y cada run tiene peso, las no-balls son especialmente costosas porque generan free hits: en estos formatos, la bola siguiente a una no-ball es un free hit, lo que significa que el bateador solo puede ser eliminado por run out en esa entrega. Esta regla amplifica aún más el costo de la no-ball y convierte el control del pie delantero en una prioridad técnica absoluta para los bowlers de alto rendimiento en cricket de veinte overs.